sábado, 31 de diciembre de 2011

Requiem for my Friend de Zbigniew Preisner

Despidamos el año 2011 con un réquiem. No en vano apenas sí le quedan doce horas de vida. ;-)

He sido seguidora de Zbigniew Preisner durante muchos años sin saberlo. Quedé atrapada por su música cuando vi Azul de Krzkysztof Kieslowski en la gran pantalla. "Song for the Unification of Europe" me pareció una composición excelsa (aún me peleaba en 1993 con el solfeo, la armonía, el chelo y tocaba la guitarra sin reconocer mi nulo talento para la Música).

Pero en aquel momento las nuevas tecnologías no estaban tan desarrolladas (no existía San Google) y en mi pueblo la única tienda de discos que había se dedicaba al mainstream más absoluto. ¡Purcell! ¿Quién es Purcell? ¿Sale en los 40 Principales? Re-conocí a Preisner viendo el último largometraje de Terrence Malick, El Árbol de la Vida, en el que nos muestra el origen de, digamos, todo esto que nos rodea con el movimiento "Lacrimosa 2 - Days of Tears" de Réquiem For My Friend.

El amigo del que nos habla este réquiem no es otro que el mismo Kieslowski.

Lápida en uno de los corredores perimetrales del patio de la Purísima Concepción de la Sacramental de San Isidro en Madrid.

Qué quieren que les diga, me pone los pelos como escarpias cada vez que lo escucho. Es de un sentimiento, una tristura que te hiela el alma -"Kyrie Eleison""Dies Irae", "Lacrimosa"... - con pequeños toques acogedores -"Offertorium""Agnus Dei", "Lux Aeterna"...- y la redención del alma para posiblemente continuar al lado de Dios: "Kai Kairos", "Ascende Huc"...

Preisner  nos muestra un réquiem con dos claras y entremezcladas partes si atendemos a los instrumentos utilizados. Se apoya por un lado en la estructura de la Liturgia Eucarística empleando los textos de la Missa Pro Defunctis  dotando a estos movimientos de una austeridad musical reflexiva e íntima. Por otro crea movimientos más relacionados con la vida -compartimentados a su vez en comienzo, destino y apocalípsis- en los que emplea una abigarrada instrumentación que nos hace pensar casi sin querer en la música incidental creada para el Cine, sector de donde proviene el músico polaco.

Estas dos vertientes instrumentales de Requiem For My Friend hace que disfrutemos de órganos al ritmo de contrapunto minimalista (¿es posible esta combinación? Sí, lo es.) -"Sanctus", "Epitaphium"- junto con la polifonía -"Officium"- al lado del aterciopelado saxofón -"Meeting"-, con una quejumbrosa pero enérgica sección de cuerda -"Veni et vidi"...-.

Pínchenla en mi muy lejano sepelio. ;-)

Feliz 2012.
Cal.

PD. Si alguno de ustedes no tiene cuenta en Spotify ni quiere tenerla, les pongo un enlace aquí de YouTube para que puedan más o menos disfrutar de esta composición.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mi cruce de cables entre la Bella Durmiente de Cienfuegos (Cuba) y la Castañera de Génova (Italia)

Queridos lectores:
No me digan cómo he llegado a esta conclusión, pero siempre he creído, hasta que empecé con este post, que la Bella Durmiente de Cienfuegos había sido una antigua castañera que fue pagando su estatua funeraria poco a poco. Pero no, la Bella Durmiente no es la Castañera de Staglieno (Génova) que sí responde al resumen aquí contado.

Un inciso ya que la historia de Caterina Campodonico -la castañera- es digna de mención, pese a que no la pueda ilustrar con fotografías propias: yo..., ehem..., nunca he estado en Staglieno (no me maten, sé que es un delito para cualquier amante del arte funerario)...

La señora Campodonico era una humilde castañera genovesa que hete aquí regalaba castañas a un joven y pobrón estudiante llamado Giuseppe Verdi siempre se acercaba a su puesto. Ese tal Verdi ;-) se convirtió con los años en un afamado compositor de óperas, así que en agradecimiento a Caterina le invitó a todos y cada uno de sus estrenos operísticos.

En vida la mujer no trascendió, pero sí quiso que su descanso eterno fuera admirado por todos los que se acercaran al camposanto de Staglieno. De tal forma la castañera fue pagando al escultor Lorenzo Orengo en cómodos plazos la talla de su escultura funeraria. Murió antes de saldar la cuenta con el artista, pero todos aquellos que la conocieron, incluido Verdi, fueron a escote para cumplir la última voluntad de la señora Campodonico.

Bonito, ¿verdad?


La entrada al Cementerio de la Reina, a las afueras de Cienfuegos,  frente al mar Caribe. 

En fin que, como les digo, había oído campanas, pero no sabía dónde tocaban y venía tan contenta a ilustrarles sobre la otra castañera -por aquello de que es una figura tradicional en nuestros belenes y estamos en vísperas de Navidad-, pero imposible. ¿Imposible? Esperen. Resulta que la Bella Durmiente sí que tiene en cierto modo una estrecha relación con el cementerio genovés.

Más que muerta la Bella Durmiente parece sumida en un profundo sueño, ¿fruto de las semillas de opio que lleva en la mano derecha...?
Su nombre real fue María Josefa Álvarez Miró y murió bien jovencita alumbrando un hijo. El hecho de que en la estatua aparezcan tres frutos de adormidera y una serpiente ha dado lugar a infinitud de leyendas en la isla de Cuba, pero lejos de saborear cuentos fantásticos y fantasiosos que comienzan con la mordedura de un ofidio y llegan hasta la tragedia de un amante que se fue de viaje y encontró a su amada inmortalizada en mármol en una visita casual al Cementerio de la Reina, vamos a lo que nos interesa: su factura.


La serpiente en la mano izquierda y las adormideras en la derecha.

En efecto la Bella Durmiente es un delicado trabajo encargado por Vicente González -el apenado esposo- esculpido en mármol de Carrara con lo cual se presume que el escultor que la talló fue también italiano, pero no se sabe a ciencia cierta. Algunos estudiosos de la materia atribuyen la escultura a Santo Saccomanno, pero no hay evidencia documental. Podría haber sido, sí, pues la escultura cienfueguera es de 1907 y el escultor murió en 1914, aunque resulta poco creíble.


Aunque la Bella Durmiente es la pieza estrella del cementerio, el camposanto está repleto de estatuas en las que abundan los ángeles más que cruces o figuras religiosas y nichos, muchos nichos, adosados a las paredes que cierran el recinto.
Precisamente aquí es donde los puntos de esta historia se unen. Santo Saccomano es el autor de una preciosa escultura funeraria en el nombrado Cementerio de Staglieno que guarda una similitud pasmosa con la Bella Durmiente: la tumba de Carlo Erba fechada en 1883. Aquí tienen una foto. Aquí tienen otra. Aquí una más.

 Es considerada la más importante escultura neoclásica del siglo XIX en Cuba. Tanto el medallón como la placa con el nombre de la familia son añadidos posteriores a la realización de la escultura.
La historia de la Bella Durmiente o más bien de la pieza original en la tumba Erba genovesa se me antoja similar a la de la celebérrima Ángela de la Resurrección,  en el panteón Oneto, obra de Giulio Monteverde, mil veces plagiada a lo ancho y largo de este mundo: buscando y rebuscando he encontrado varias estatuas funerarias más -todas ellas en el continente americano- que responden a la misma forma, postura e incluso simbología (adormideras y serpiente). Al menos hay una Uruguay (en la página 13 de este pdf podrán ver dos fotos aunque de poca calidad) y otras repartidas por el continente americano (de las cuales no he encontrado imagen alguna pero sí referencia en internet).


Aunque sea desde lejos (cosas de tirar en analógico) se puede apreciar el fino trabajo en el pelo, posiblemente lo más trabajado de toda la figura.

Superado este pequeño chasco con la hechura de la preciosa Bella Durmiente, les diré que siempre me gustará más que la original, aunque solo sea por la aventura que ir a verla supuso, con pedida de pasaporte/medio arresto incluido, todo gracias a mi aspecto de yanqui sospechosa haciendo fotos a diestro y siniestro en plena celebración del aniversario del Día de la Rebeldía del Pueblo de Cuba con la ciudad repleta de militares y yo sin saberlo...

Sin castañera, pero con mucho entusiasmo (estudiar las copias de esta estatua repartidas por el mundo, hmmm... ), les deseo unas felices fiestas.
Cal.

martes, 13 de diciembre de 2011

"Vuelva usted mañana" revisited.
De panteón en panteón.

Manuel Leguineche trató de emular hace años la hazaña de Phileas Fogg emprendiendo un viaje de ochenta días alrededor del mundo trazando el mismo itinerario que Verne propuso en su novela. Pese a una planificación previa del viaje tardó ochenta y un días: se topó con una de las grandes enemigas de la libertad, esto es, la burocracia.

En este último viaducto de la Constitución-Inmaculada me he sentido más bien como monsieur Sans-délai, el personaje del artículo "Vuelva Usted Mañana" de M.J. Larra. Me ha dado infinita pena corroborar en mis propias carnes que España no ha cambiado demasiado desde el siglo XIX, nuevas tecnologías mediante. Miren, qué asco me dan a veces las cosas. ¿Nos hemos vuelto aún más tontos de lo que ya éramos o qué?

Perdonen la diatriba, pero así les prevengo por si quieren ir a fotografiar en este caso dos panteones: el Real de San Isidoro (León) y el también Real de la catedral de Santiago Apóstol (Santiago de Compostela).

Empiezo por el primero: el Panteón Real de la colegiata de San Isidoro en León capital, una auténtica preciosidad románica, una delicia para los sentidos, la quinta esencia de la pintura románica (que me perdonen los vecinos de Taull y los de Berlanga). Ya había estado con anterioridad y me quedé algo chafada porque no dejaban sacar fotografías. También les diré que me parece lógico pues los frescos son muy sensibles a las luces del flash y las visitas numerosas.

Ni corta ni perezosa me puse en contacto con el Museo de San Isidoro por si existía la posibilidad de traerles a ustedes (y a mí misma, conste) unas instantáneas aderezadas con un texto histórico-artístico e incluso antropológico sobre el mismo. Muy amables me contestaron en el mismo día, peeero lo que me indigna ha sido alguna de las condiciones para tal menester:
1. No se pueden hacer fotografías dentro del horario de visitas (me parece bien).
2. Se debe cumplimentar un impreso de identificación, etcétera (bien también)
3. Se tiene que pagar una tasa de 76 € más IVA por hora de trabajo (o sea, 90 €, que de acuerdo, el mantenimiento de estos edificios se las trae, pero ¿90 € por una hora? Excesivo, lo siento).
4. Se tiene que ceder una copia al centro del material obtenido (¿perdón?).

Este último punto es el que más me cabreó. De manera que tengo que pedir un permiso, acomodarme a las horas en las que no haya visitas (casi mejor, también os lo digo), firmar unos papeles y ¡¡¡¡¡¡¡¡¡regalarles mi trabajo!!!!!!!!!!! Oigan, señores, lo mismo que ustedes se ganan la vida mostrando y protegiendo un patrimonio que, me temo, es de todos, yo me gano la vida -o al menos lo intento- como fotógrafa. Una de mis fotos vale tanto o más que el precio que ustedes cobran por una hora de visita y aún así tengo que cedérselas de balde... ¿Dónde quedan mis derechos como fotógrafa? Miren, nunca me ha importado brindar estos derechos, esta bitácora es de licencia Creative Commons, pero que tenga que pagarles y además obsequiarles con mi trabajo para que después hagan con mis imágenes lo que les venga en gana, lo siento: no (hay un refrán castellano que resume muy bien todo lo dicho: encima de puta, poner la cama).

Aún así tendré que transigir si quiero obtener mi propósito. ¡Lástima, oigan!

El segundo: el Panteón Real de la catedral de Santiago Apóstol en Santiago de Compostela. Partamos del punto de que la cagada ha sido mía desde el principio por no documentarme bien antes de salir rumbo a Galicia. Acudí a la fuente principal, la web del monumento (también acudí, cómo no, al foro de Enterramientos Reales), para informarme por si había algún problema con las fotografías. Por lo visto leí en diagonal y no me percaté de que el Panteón Real está, aunque anexionado a la propia catedral, en el museo. Y en el museo no se pueden hacer fotos...

Cuando compré la entrada del museo expresé mi deseo de tomar unas instantáneas únicamente en el Panteón Real explicándoles mi proyecto ¡La Muerte Os Sienta Tan Bien! En principio no me pusieron mayor objeción. Al entrar al museo pedí de nuevo permiso al hombre que picaba los tickets y a los guardas de seguridad: mientras seas respetuosa, no hay ningún problema, me dijeron. Rauda me dirigí a la planta del claustro. ¡Mamma mía, aquello es una tumba andante!

Las cuatro alas del claustro están repletas de lápidas de personas relevantes en algún momento de los ochocientos años de historia de la catedral de Santiago Apóstol.

Entré al panteón y casi muero del susto ante tanta belleza: seis sepulcros medievales, algunos más acertados que otros, adosados a las paredes de la sala con sus escudos nobiliarios en la clave del arco.

Les juro que ni rocé nada de lo que allí se exponía y han de creerme cuando les digo que algunos candelabros estaban situados en lugares que dificultaban el proceso.

Sepulcro de la reina Juana de Castro, esposa de Pedro I, con ese bonito candelabro delante de la faz de la estatua.
Sepulcro de Pedro Froilaz, Conde de Traba, Ayo del rey Alfonso VII, con otro bonito candelabro en la testa. Tiene otros dos a los pies que ni un contorsionista del Cirque Du Soleil podría sortearlos.

A los diez minutos se acercó el guarda de seguridad para decirme que no estaban permitidas las fotos a lo cual respondí que ya lo sabía, pero que me habían dado consentimiento abajo y que no estaba utilizando en ningún caso el flash. Ay, soy más paciente que el santo Job, pero se me cruzaron los cables en aquel preciso instante en el que me hicieron sentir como una terrorista sacándome del panteón por las buenas, eso sí. Les he de decir también que en el tiempo que estuve allí todos o casi todos los visitantes provistos de sus ayfons y de sus compactas hicieron disparos en la capilla y no se les dijo nada. Fui poco astuta, lo sé. Utilicé la asertividad en el lugar equivocado granjeándome que mi trabajo se quedara a la mitad. :-(

Burocracia 1 - Calamidad 0

Pero soy más terca que una mula y me encaminé hacia la caza y captura del permiso. La Casa del Deán estaba literalmente andamiada, con un cartelillo que decía "Le atendemos más abajo". Fui a la Oficina del Peregrino (era el lugar donde atendían más abajo) y pregunté amablemente a los muchachos cómo obtener el permiso. Se me quedaron mirando como las vacas al tren. Me enviaron de nuevo a la Casa del Deán. Dí una vuelta en busca de un timbre. Nada. Volví a la Oficina del Peregrino. La segunda vez  hubo una consulta a algún compañero más enterado (¡pobrines, me atendieron fenomenal, conste!) y retomaron la misma monserga.

Burocracia 2 - Calamidad 0

Aún así no tiré la toalla y fui a la Cofradía de la Orden de Santiago situada en la misma catedral. La mujer que me atendió fue amabilísima y me puso en contacto telefónico con la persona que me daría el ¡ay! permiso. Tenía que enviar un email y bla, bla, bla (también cederles el material obtenido, ¡qué manía, carajo!). Le expliqué al señor que se situaba al otro lado del teléfono que me tenía que ir a las tres de la tarde -eran poco más de las doce- y que no podía enviarle un email ya que estaba de vacaciones y no tenía ningún dispositivo con el que acceder a internet. También le conté mi proyecto, esta bitácora, que creo le entró por una oreja a la misma velocidad que le salió por la otra.

Burocracia 3 - Calamidad 0

Fin de la historia. :-/

Yo no sé si son conscientes estos establecimientos del flaco favor que se están haciendo a sí mismos a la larga poniendo taaantas trabas y taaantos requisitos para poder mostrar y demostrar nuestra adoración y respeto hacia estos monumentos que, repito y creo, son patrimonio de todos. ¡Si es publicidad gratuita y además de la buena! (créanme cuando les digo que el boca-oreja es la mejor publicidad del mundo).

Soy consciente del avasallamiento turístico que solo busca la imagen en el lugar para decir a sus amigos y familiares "aquí he estado yo" (vayan al Louvre e intenten ver la Monalisa de Da Vinci para comprender lo que les digo) y creo que estas medidas están escritas básicamente para proteger el delicado patrimonio que tenemos, pero, no sé, cuando una muestra tanto respeto y cuidado, tanto arrobamiento y pasión por poder describir lo que está viendo con sus ojos, ¿no se podría levantar un pelín la mano?

Prometo obsequiarles después de esta rabieta no infantil con un bonito post navideño y otro de fin de año (ya les tengo casi casi horneados).

lunes, 28 de noviembre de 2011

Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Cartuja de Santa María de Miraflores (Burgos).

Hoy se van a hartar de ver fotos. Me van a llamar pesada, ¡también!, pero es que la Cartuja de Miraflores tiene millones de detalles, así que habría que sacarle millones de fotos. Les obsequio con treinta y cinco y espero insuflarles el gusanillo de la curiosidad para que vayan a visitar esta maravilla tardomedieval burgalesa que a mí personalmente me tiene enamorada desde que viví una temporada en Burgos y la vi por primera vez allá en el 1999.

¡Qué bien vendría una escalera pequeña para poder ver desde arriba este despiporre de detalles, sorteando la preciosa verja que amuralla el sarcófago de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal!
Situémonos en el presbiterio de la iglesia de la Cartuja de Miraflores: los sepulcros de Juan II de Castilla y su segunda mujer Isabel de Portugal -padre y madre de la reina castellana que la Historia, el Vaticano y su entonces Papa Alejandro VI, bautizarían con el sobrenombre de La Católica- invaden prácticamente todo el espacio debajo del altar presidido por un retablo que me río yo del Síndrome de Stendhal en la Santa Croce de Florencia (sin desmerecer, conste).

Lo primero que van a ver a la entrada de la iglesia de la Cartuja ya anuncia algo grande...
... muuuy grande.
Observado de reojo por su madre Isabel de Portugal, el infante Alfonso -firme sucesor a la corona de Castilla si no se hubiese muerto a la tierna edad de quince años- situado en el lado del Evangelio. No entraré a detallar el arcosolio del adolescente (tal vez en otra ocasión), agrandaría demasiado la extensión de esta entrada aburriéndoles, naturalmente, pero sí que les dejo unas fotografías.

Riánse del Rococó ¡ja! Además en esta foto no se le ve entero, a mí no me daba el angular de la cámara.  ;-)
Detalle del minucioso trabajo que Gil de Siloé y su taller profirieron a la estatua orante del Intante Alfonso, llamado a ser rey de Castilla y malogrado en plena adolescencia, aunque su retrato haga referencia a un muchacho mucho más adulto.
Uno de los dos angelitos que sostiene el escudo de armas del infante. Está policromado, pero esta pintura no corresponde a la época en la que fue tallado el monumento.

Esta preciosidad gótica no empezó sus días como lugar de reposo eterno sino como zona de esparcimiento y asueto real. El rey Enrique III el Doliente -padre de Juan II- confiscó las tierras al pueblo de Burgos, no sin conseguir más de una revuelta popular, para hacerse construir allí una residencia palaciega. No era tonto el rey, no, ya que desde Miraflores se divisa toda la estepa burgalesa.

Fueron Juan II de Castilla y su primera mujer María de Aragón quienes decidieron donar el palacete real a alguna orden religiosa -preferentemente mendicante- para más tarde utilizar el lugar como emplazamiento eterno, aunque eso a priori no lo sabían los cartujos que poblaron el convento.

En aquellos años la corte castellana se hallaba seducida por el influjo del Ducado de Borgoña. Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, hizo construir en Dijon su propio panteón dinástico dentro de un monasterio cartujo: la Gran Cartuja de Champmol. Álvaro de Luna -Condestable de Castilla, valido de Juan II, etc.- y su segunda esposa Juana Pimentel situaron sus tumbas en la Catedral de Toledo (algún día hablaremos de ellas). Gómez Manrique -de la casa Manrique de Lara y tío del conocido poeta Jorge Manrique- y su mujer Sancha de Rojas en el Monasterio de Santa María de Frex del Val (cerquísima de Burgos capital, hoy en día en un estado de abandono terrible)... Como ven era la moda de la época.

Claro que también influyó en la donación el hecho de que en el palacete solariego se quemara años atrás, supongo... Las obras de remodelación comenzaron en 1453 con Juan de Colonia dirigiendo el proyecto arquitectónico.

Entrada a la iglesia de la Cartuja de Miraflores con los escudos de armas de los fundadores -Castilla y Portugal- flanqueando la fachada  de estilo gótico isabelino/nórdico/hispano-flamenco (pónganle el atributo que más les guste) con la imagen de La Piedad en el tímpano. 
Peeero, queridos lectores, hablamos de una familia real y estos, los reyes, tienen un trasiego después de muertos que hace utópico aquello del requiescat in pace. Juan II murió en 1454 y Miraflores estaba aún en pañales. Inhumaron su cuerpo primero en San Pablo de Valladolid, segundo en Las Huelgas de Burgos, tercero en San Pablo de Burgos y, como a la cuarta va la vencida, finalmente alrededor de 1493 pasaron sus restos a Miraflores.

En esos cuarenta años de historia desde que se puso la primera piedra hasta que se finalizaron las obras, Castilla pasó por una guerra civil que enfrentó a Juana de Trastámara, apodada la Beltraneja (supuesta hija en principio de Beltrán de la Cueva-de ahí su sobrenombre- y confirmada por el papa Pablo II como hija legítima de Enrique IV de Castilla, heredero principal en la línea dinástica de Juan II), y su sobrina y medio tía Isabel I. Después de la guerra otros asuntos estatales de diversa índole hicieron que se congelaran las obras.

Isabel I la Católica, tras una visita a la capital burgalesa, fue la máxima impulsora para la finalización de las obras de la cartuja y así  demostrar el poder de su estirpe paterno filial. Esa es la razón por la cual están enterrados allí el infante Alfonso e Isabel de Portugal, hermano y madre respectivamente de la reina, y no Enrique IV, hermanastro, ni María de Aragón, primera esposa de Juan II y madre de Enrique IV.

Detalle del virtuoso trabajo que realizó Gil de Siloé en la talla de los brocados del rey Juan II. El supuesto cetro que sostendría el monarca en su mano derecha se ha perdido. Al final del artículo hablaré de ello.
De igual forma se puede apreciar el exquisito trabajo del escultor burgalés en los guantes que visten las manos de la reina Isabel de Portugal, sujetando posiblemente un Libro de las Horas de la Virgen, y su trabajado vestido.

En 1486 la reina Isabel I y Gil de Siloé, máximo exponente de la escultura hispano-flamenca de finales del siglo XV, mantuvieron una serie de reuniones en las cuales se acordaron la talla del retablo para el altar mayor y el labrado de los sepulcros reales. Gil de Siloé mandó llamar a Diego de la Cruz como policromador del retablo. Ya en ese tiempo retomó el mando de la construcción el hijo de Juan de Colonia: Simón. Entre la muerte de Juan y la toma del mando de Simón estuvo al cargo de la arquitectura del edificio Garci Fernández de Matienzo.

Después de unas pequeñas desavenencias con los cartujos a cuenta de las dimensiones de semejante mausoleo, la corona se hizo cargo del pago de todas las obras necesarias y se trajo desde las canteras de alabastro de Cogolludo en Guadalajara el material precioso en el que trabajaría tanto Gil de Siloé como su taller para poder concluir la obra en apenas cuatro años, de 1489 a 1493.

Minuciosidad al extremo en los detalles de la corona de Isabel de Portugal.
Sepulcro de los reyes castellanos en primer plano y de su retoño el infante adosado en la pared.
¿Qué es lo primero que nos sorprende de esta fabulosa pieza? La base en la que reposan los reyes y otras figurillas conformada por una estrella de ocho puntas, jamás utilizada en ninguna otra parte para estos menesteres. Porqué o cuál es su posible significado es desconocido, ¡al menos por mí! y por los autores que he leído (fundamentalmente Yarza Luaces, H.E. Wethey, el magnífico foro de Enterramientos Reales, ¡ah!, y la Wikipedia ;-D ).

Ponerse a describir una a una las excelentes figuras y filigranas que decoran el sepulcro, supondría algo así como escribir un libro del tamaño de En Busca del Tiempo Perdido de Proust. No es esa mi intención, así que deléitense con algunas instantáneas.

Justicia y Fortaleza, dos virtudes cardinales.
Las alegorías de la Caridad (virtud teologal) y la Prudencia (virtud cardinal).
Las alegorías de la Fe (confundida con los atributos de la Prudencia) y la Esperanza, virtudes teologales.
Esdrás sujetando una copa, una de las figuras más enigmáticas del sepulcro y la Reina Ester, otro gran misterio ya que su tamaño es más pequeño que el resto de las piezas y la tipografía de su peana le delata como pieza posiblemente realizada en años posteriores y posiblemente situada en un principio en la tumba del infante Alfonso. También podemos apreciar a la derecha, en los vértices del poliedro, la figura de uno de los cartujos orantes que circundan los vértices de la estrella.
El Rey David, representado con el arpa, y el Profeta Daniel, una figura que se cree que no procede ni de las manos de Siloé ni de su taller y posiblemente sea de construcción posterior.
Joseph, hijo de Jacob y ministro de Egipto, y Sansón representado en el momento en el que destruye el templo filisteo, último episodio de su vida.
La Virgen de la Leche ¡mi favorita! está considerada como una de las mejores tallas de todo el conjunto por su detalle y delicadeza. Al lado podemos ver la escena del Antiguo Testamento del Sacrificio de Isaac, otra de las esculturas VIP. 
La Piedad es una figura que alcanza un gran valor en la iconografía de la época de los Reyes Católicos. En Miraflores la encontramos por duplicado tanto en la tumba de los reyes como en el tímpano de la entrada a la iglesia. A su izquierda una de las virtudes cardinales: Templanza.

Diversos estudios coinciden en que las figuras que aparecen en las hornacinas del sepulcro (las que tienen aquí arriba y más en detalle aquí abajo) fueron colocadas en un orden diferente del original en algún momento posterior a la ejecución del túmulo ya que no se puede descifrar su iconografía y simbolismo con exactitud. De igual forma sucede con los leones que aparecen en el zócalo y con los apóstoles de la meseta...

Detalle de la Justicia.
Detalle de La Piedad o Quinta Angustia.
Detalle del Sacrificio de Isaac, una de las piezas más celebradas de todo el conjunto.
La exquisita Virgen de la Leche. Yo me la llevaría a casa sin duda. ;-)
La Prudencia.
Los leones bien como animales sedentes, rampantes (como el de la foto, sosteniendo los escudos de Juan e Isabel) o en continua lucha, se representan en toda el basamento de la tumba.
Junto a las figuras yacentes de los reyes nos encontramos con otros personajes bíblicos del Nuevo Testamento, destacando sobre todas las cuatro que representan a los Evangelistas.

A los pies de los reyes se sitúa San Marcos con su figura alegórica, el león alado, la talla menos notable de los cuatro evangelistas.
San Lucas con su atributo, el toro, al lado de la reina Isabel de Portugal.
San Mateo con el ángel, su símbolo, se sitúa al lado del rey Juan II de Castilla. Conserva en su cara restos de policromía, pero, no se engañen, la pintura de algunas de las figuras es muy posterior al trabajo de Diego de la Cruz, Siloé y su taller.
San Juan, representado de una forma curiosa, barbilampiño y joven. A su lado el águila, su representación alegórica. Situada a la cabeza del sepulcro es la primera figura que nos atiende al acercarnos a la tumba. Se puede ver perfectamente en su cara los restos de policromía que, al igual que sucede con San Mateo, es muy posterior al trabajo original. 

Figuras de diferentes santos en pie pueblan las puntas de la estrella que conforma la base donde yacen las figuras de los reyes. Incluso ¡una mujer! (¿Ven? Tengo que volver a fotografiarlo porque este "insignificante" detalle pasó por completo frente a mis retinas). Pero la más interesante desde el punto de vista escultórico de estas imágenes fue a parar al Metropolitan de Nueva York en su sección dedicada a los claustros: Santiago el Mayor.

Vamos con el misterio de la tumba porque qué sería de un monumento funerario noble sin algo de enigmático, ¿no? Fíjense en estas dos imágenes atentamente:




¿Lo consiguen ver? Efectivamente, aunque las tallas de las caras de la Cartuja de Miraflores no se corresponden con un retrato fiel de los monarcas y su infante, la cabeza del rey Juan II de Castilla es muy posterior a la de la reina Isabel y obviamente no salió de las manos de Gil de Siloé.

Es difícil de apreciar, no se molesten si no se percataron. De hecho poca gente se habrá dado cuenta ya que la realidad de la cabeza del rey Juan II fue desvelada tras las obras de restauración que se llevaron a cabo entre Junio de 2005 y Diciembre de 2006 en el presbiterio de la cartuja. Fue entonces cuando los restauradores se dieron cuenta de la burda manera en que la cabeza del rey había sido encajada en el cuerpo del mismo. Tras diversos estudios también concluyeron que el alabastro procedía de diferente cantera que la de Cogolludo (Guadalajara). Y por último un detalle más perteneciente al sentido común que al sesudo estudio es que la figura del rey había sufrido múltiples desperfectos -de hecho el cetro está segado de la mano- mientras que la cabeza se encontraba básicamente perfecta y desde luego no trabajada con el mimo que Siloé otorgaba a sus figuras.

A los pies del rey dos leones, figuras que, como dije más arriba, se encuentran por todo el sepulcro.
A los pies de la reina, angelito, león y perro (símbolo de la fidelidad).
¿Quién o quiénes tallaron la nueva cabeza del rey? No se sabe. ¿Por qué motivos fue atacado con tanta vehemencia el rey y no tanto la reina y el infante? Otro misterio. ¿En qué momento de la Historia se produjeron? Encontramos aquí dos teorías, ambas válidas. La primera y tal vez más fácil de inducir es referirse a las invasiones napoleónicas (que tanto daño hicieron a nuestro patrimonio artístico y cultural, por no mentar el social, económico, etcétera). Pero historiadores como Francisco Tarín y Juaneda sostienen que  es muy posible que la cartuja sufriera tales desperfectos en época de Fernando VII ya que la población se hallaba terriblemente crispada por la situación político-económica que atravesaba España y es muy posible que algunos exaltados burgaleses la emprendieran a golpes con la figura del rey tomándolo como reflejo de su propio gobernante (por cierto, nada tienen que ver Juan II de Castilla y Fernando VII ya que las líneas dinásticas son diferentes).

Un rey sin su cetro, desafortunadamente perdido.
Otro factor que pudo haber acabado con la cartuja fue su desmortización en 1835, si bien el monasterio no sufrió una exclaustración tan traumática como edificios cercanos (Santa María de Frex del Val en Villatoro, Santa María la Real en Aguilar de Campoo, San Miguel de la Morcuera en Miranda de Ebro, San Juan de Ortega en Burgos...) ya que las autoridades fueron conscientes del enorme valor que poseía y lo conservaron muy bien.

El manto, las mangas, los guantes, el rosario... ¿Se puede cincelar algo más perfecto que la figura de la reina Isabel de Portugal?
En cualquier caso se cree que la agresión en la escultura yacente fue producida más o menos alrededor de 1820 y la tosca restauración de la cabeza entre 1823 (en 1828 Fernando VII y su esposa visitaron el lugar y quedaron gratamente sorprendidos por la belleza promoviendo unas obras de restauración ¿serían las de la testa del rey...?) y 1835.

Me figuro que habrán salido corriendo en dirección Burgos para ir a ver esta fabulosa pieza de arte funerario antes de llegar a este punto en la lectura... Si no lo han hecho, ¿a qué esperan? Venga, levanten sus posaderas del sillón y dirijan sus pasos hacia la meseta castellana. Le aseguro que el mausoleo en persona es más espectacular que todo lo que yo haya podido explicar aquí. ;-)

Cartuja de Santa María de Miraflores
Carretera de la Cartuja, km. 3,5
(al lado del parque de Fuentes Blancas)
09193 Burgos

T_ 937 26 87 99
E_ ctj.miraflores@cartuja.org
W_ www.cartuja.org

Horario
De L a V de 10:00 a 15:00 y de 16:00 a 18:00
D de 12:30 a 13:00 y de 15:00 a 16:00

Notas
Se permite el uso de cámaras fotográficas sin flash. En cualquier caso tanto el sepulcro y el arcosolio como el retablo del altar mayor están perfectamente iluminados, eso sí, echando moneda para que se encienda (de alguna manera tendrán que obtener la financiación para la conservación del lugar, ¿no?).

jueves, 17 de noviembre de 2011

Marcha fúnebre por la muerte de una marioneta de Charles Gounod

Inicio una nueva sección en ¡La Muerte Os Sienta Tan Bien! que emprendo con mucho gusto puesto que la Música es seguramente, según la clasificación oficial de las Bellas Artes, el Arte que más me gusta. Desde luego está entre los tres primeros.

Zito, mi marioneta favorita de todas las que tengo, imitando el fantástico cuadro La Muerte de un Torero de Edouard Manet. Le tendría que haber puesto un chorritín de tomate triturado en el hombro, pero me daba pena ensuciarlo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Quién vive ahí?
La tumba de San Marcos en Venecia. O no.

Vamos a darle un poco al coco. ¿Cuál es la tumba que le hace exclamar a usted "no puedo morir sin ir a verla"? A mí se me ocurren un montón, casi prefiero no pensarlo ya que me harían falta dos o tres vidas para cumplir mi deseo y la cuenta bancaria de la heredera Onassis, que no es el caso, pero hay una que de verdad moriría por ver: la tumba de Alejandro III de Macedonia, alias Magno, en todo el esplendor que Plutarco remarca en Vidas Paralelas, Flavio Arriano en Anábasis de Alejandro Magno (basándose por lo visto en los escritos de Ptolomeo I Sóter, que no se han conservado) y Diodoro Sículo en Biblioteca Histórica (Libro VIII).

Moneda de la época con el perfil de Alejandro Magno ataviado con uno de sus cascos de guerra: cabeza de león.

martes, 1 de noviembre de 2011

Paseando por una necrópolis de Cine.
Cementerio de Niembro, Concejo de Llanes, Asturias (España).

¿Saben cuál es el día del año en el que no aparecería por un cementerio ni que me matasen? Efectivamente, el día de Todos los Santos, o sea, un día como hoy. Si hay algo que me fascina de estos lugares es su intensa paz y precisamente en días como hoy la paz es lo que menos se puede conseguir en un camposanto. Por suerte me quedan los restantes 364 días para caminar por las calles vacías de las necrópolis.

Hoy les propongo un paseo virtual por uno de los cementerios más bonitos que yo haya visto. No tiene nada reseñable a nivel escultórico, ni a nivel arquitectónico (como tantos y tantos cementerios en el mundo), pero su localización al borde de una ría astur hacen de él un camposanto especialísimo, metamórfico, diferente. Miren, miren:

Con pleamar la playa de Toranda se llena de vida con bañistas, barcas y cientos de pájaros que anidan en la ensenada gobernados por la mirada sosegada de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, construida por el arquitecto de José Bonaparte, Silvestre Pérez y Martínez, en 1788.

sábado, 15 de octubre de 2011

¿Quién solicita entrar?
Cripta Imperial de los Capuchinos, Viena (Austria)

Hace unos meses nos levantábamos con la noticia de la muerte de Otto de Habsburgo-Lorena, el último descendiente que quedaba del último emperador de la Casa de los Habsburgo o lo que es lo mismo de los emperadores de Austria-HungríaPese a que tanto Hungría como Austria se declararon repúblicas tras la Primera Guerra Mundial y abolieron su monarquía, las exequias de Otto de Habsburgo se llevaron a cabo de la forma más tradicional, tal y como correspondería a un auténtico emperador aunque la historia haya corrido por distinta acera. No nos vamos a fijar aquí en si incumben o no tales honores a esta persona, ya que no es el fin último de este blog, pero sí en el ritual con el cual fue despedido de este mundo y acogido en el siguiente porque merece la pena. Pero primero de todo, un poquito de historia.

Antes de que el Convento de los Capuchinos fuera erigido para albergar en sus entrañas la Cripta Imperial de la Casa Habsburgo (siglos más tarde Habsburgo-Lorena), los emperadores y emperatrices austro-húngaros eran inhumados en diferentes lugares según sus preferencias. Fue el emperador Fernando III (que gobernó de 1637 a 1657) el que institucionalizó la cripta capuchina como hereditaria de la Casa Habsburgo. Vayamos algo más atrás en la historia. 

Detalle de uno de los ataúdes de bronce, concretamente el perteneciente a Eleanora, hija del emperador Fernando III, en la Cripta de Leopoldo. No fue un personaje especialmente importante en la corte vienesa, pero los detalles de su sarcófago me llamaron la atención en ese momento.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Fe de erratas.
Panteón de la Casa Ducal de Alba, Loeches (Madrid). Parte II y final.

Errar es humano y rectificar es de sabios. No es que la abajo firmante se considere sabia, pero cuando uno mete la pata, es bueno admitir que lo ha hecho. Así que aquí me tienen de nuevo con una entrada en ¡La Muerte Os Sienta Tan Bien! hablando del Panteón de los Alba en Loeches. Cierto es que los enterramientos de la Casa de Alba darían para varias entradas... Pero al grano, que luego escribo unos ladrillos que ni yo misma me lo creo. ;-)

lunes, 29 de agosto de 2011

Panteón de la Casa Ducal de Alba, Loeches (Madrid)


Después de dejarles casi un mes con la incertidumbre de saber a quién pertenecen esos descalzos piececillos (creerán que no, pero en Facebook más de uno se ha descabezonado algún que otro rato) hoy desvelo el enigma al decirles que son ni más ni menos que los de la Condesa de Montijo doña Francisca de Sales y Portocarreño, hermana de Eugenia de Montijo, Emperatriz de Francia, que quizá les suene más.