sábado, 31 de diciembre de 2011

Requiem for my Friend de Zbigniew Preisner

Despidamos el año 2011 con un réquiem. No en vano apenas sí le quedan doce horas de vida. ;-)

He sido seguidora de Zbigniew Preisner durante muchos años sin saberlo. Quedé atrapada por su música cuando vi Azul de Krzkysztof Kieslowski en la gran pantalla. "Song for the Unification of Europe" me pareció una composición excelsa (aún me peleaba en 1993 con el solfeo, la armonía, el chelo y tocaba la guitarra sin reconocer mi nulo talento para la Música).

Pero en aquel momento las nuevas tecnologías no estaban tan desarrolladas (no existía San Google) y en mi pueblo la única tienda de discos que había se dedicaba al mainstream más absoluto. ¡Purcell! ¿Quién es Purcell? ¿Sale en los 40 Principales? Re-conocí a Preisner viendo el último largometraje de Terrence Malick, El Árbol de la Vida, en el que nos muestra el origen de, digamos, todo esto que nos rodea con el movimiento "Lacrimosa 2 - Days of Tears" de Réquiem For My Friend.

El amigo del que nos habla este réquiem no es otro que el mismo Kieslowski.

Lápida en uno de los corredores perimetrales del patio de la Purísima Concepción de la Sacramental de San Isidro en Madrid.

Qué quieren que les diga, me pone los pelos como escarpias cada vez que lo escucho. Es de un sentimiento, una tristura que te hiela el alma -"Kyrie Eleison""Dies Irae", "Lacrimosa"... - con pequeños toques acogedores -"Offertorium""Agnus Dei", "Lux Aeterna"...- y la redención del alma para posiblemente continuar al lado de Dios: "Kai Kairos", "Ascende Huc"...

Preisner  nos muestra un réquiem con dos claras y entremezcladas partes si atendemos a los instrumentos utilizados. Se apoya por un lado en la estructura de la Liturgia Eucarística empleando los textos de la Missa Pro Defunctis  dotando a estos movimientos de una austeridad musical reflexiva e íntima. Por otro crea movimientos más relacionados con la vida -compartimentados a su vez en comienzo, destino y apocalípsis- en los que emplea una abigarrada instrumentación que nos hace pensar casi sin querer en la música incidental creada para el Cine, sector de donde proviene el músico polaco.

Estas dos vertientes instrumentales de Requiem For My Friend hace que disfrutemos de órganos al ritmo de contrapunto minimalista (¿es posible esta combinación? Sí, lo es.) -"Sanctus", "Epitaphium"- junto con la polifonía -"Officium"- al lado del aterciopelado saxofón -"Meeting"-, con una quejumbrosa pero enérgica sección de cuerda -"Veni et vidi"...-.

Pínchenla en mi muy lejano sepelio. ;-)

Feliz 2012.
Cal.

PD. Si alguno de ustedes no tiene cuenta en Spotify ni quiere tenerla, les pongo un enlace aquí de YouTube para que puedan más o menos disfrutar de esta composición.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mi cruce de cables entre la Bella Durmiente de Cienfuegos (Cuba) y la Castañera de Génova (Italia)

Queridos lectores:
No me digan cómo he llegado a esta conclusión, pero siempre he creído, hasta que empecé con este post, que la Bella Durmiente de Cienfuegos había sido una antigua castañera que fue pagando su estatua funeraria poco a poco. Pero no, la Bella Durmiente no es la Castañera de Staglieno (Génova) que sí responde al resumen aquí contado.

Un inciso ya que la historia de Caterina Campodonico -la castañera- es digna de mención, pese a que no la pueda ilustrar con fotografías propias: yo..., ehem..., nunca he estado en Staglieno (no me maten, sé que es un delito para cualquier amante del arte funerario)...

La señora Campodonico era una humilde castañera genovesa que hete aquí regalaba castañas a un joven y pobrón estudiante llamado Giuseppe Verdi siempre se acercaba a su puesto. Ese tal Verdi ;-) se convirtió con los años en un afamado compositor de óperas, así que en agradecimiento a Caterina le invitó a todos y cada uno de sus estrenos operísticos.

En vida la mujer no trascendió, pero sí quiso que su descanso eterno fuera admirado por todos los que se acercaran al camposanto de Staglieno. De tal forma la castañera fue pagando al escultor Lorenzo Orengo en cómodos plazos la talla de su escultura funeraria. Murió antes de saldar la cuenta con el artista, pero todos aquellos que la conocieron, incluido Verdi, fueron a escote para cumplir la última voluntad de la señora Campodonico.

Bonito, ¿verdad?


La entrada al Cementerio de la Reina, a las afueras de Cienfuegos,  frente al mar Caribe. 

En fin que, como les digo, había oído campanas, pero no sabía dónde tocaban y venía tan contenta a ilustrarles sobre la otra castañera -por aquello de que es una figura tradicional en nuestros belenes y estamos en vísperas de Navidad-, pero imposible. ¿Imposible? Esperen. Resulta que la Bella Durmiente sí que tiene en cierto modo una estrecha relación con el cementerio genovés.

Más que muerta la Bella Durmiente parece sumida en un profundo sueño, ¿fruto de las semillas de opio que lleva en la mano derecha...?
Su nombre real fue María Josefa Álvarez Miró y murió bien jovencita alumbrando un hijo. El hecho de que en la estatua aparezcan tres frutos de adormidera y una serpiente ha dado lugar a infinitud de leyendas en la isla de Cuba, pero lejos de saborear cuentos fantásticos y fantasiosos que comienzan con la mordedura de un ofidio y llegan hasta la tragedia de un amante que se fue de viaje y encontró a su amada inmortalizada en mármol en una visita casual al Cementerio de la Reina, vamos a lo que nos interesa: su factura.


La serpiente en la mano izquierda y las adormideras en la derecha.

En efecto la Bella Durmiente es un delicado trabajo encargado por Vicente González -el apenado esposo- esculpido en mármol de Carrara con lo cual se presume que el escultor que la talló fue también italiano, pero no se sabe a ciencia cierta. Algunos estudiosos de la materia atribuyen la escultura a Santo Saccomanno, pero no hay evidencia documental. Podría haber sido, sí, pues la escultura cienfueguera es de 1907 y el escultor murió en 1914, aunque resulta poco creíble.


Aunque la Bella Durmiente es la pieza estrella del cementerio, el camposanto está repleto de estatuas en las que abundan los ángeles más que cruces o figuras religiosas y nichos, muchos nichos, adosados a las paredes que cierran el recinto.
Precisamente aquí es donde los puntos de esta historia se unen. Santo Saccomano es el autor de una preciosa escultura funeraria en el nombrado Cementerio de Staglieno que guarda una similitud pasmosa con la Bella Durmiente: la tumba de Carlo Erba fechada en 1883. Aquí tienen una foto. Aquí tienen otra. Aquí una más.

 Es considerada la más importante escultura neoclásica del siglo XIX en Cuba. Tanto el medallón como la placa con el nombre de la familia son añadidos posteriores a la realización de la escultura.
La historia de la Bella Durmiente o más bien de la pieza original en la tumba Erba genovesa se me antoja similar a la de la celebérrima Ángela de la Resurrección,  en el panteón Oneto, obra de Giulio Monteverde, mil veces plagiada a lo ancho y largo de este mundo: buscando y rebuscando he encontrado varias estatuas funerarias más -todas ellas en el continente americano- que responden a la misma forma, postura e incluso simbología (adormideras y serpiente). Al menos hay una Uruguay (en la página 13 de este pdf podrán ver dos fotos aunque de poca calidad) y otras repartidas por el continente americano (de las cuales no he encontrado imagen alguna pero sí referencia en internet).


Aunque sea desde lejos (cosas de tirar en analógico) se puede apreciar el fino trabajo en el pelo, posiblemente lo más trabajado de toda la figura.

Superado este pequeño chasco con la hechura de la preciosa Bella Durmiente, les diré que siempre me gustará más que la original, aunque solo sea por la aventura que ir a verla supuso, con pedida de pasaporte/medio arresto incluido, todo gracias a mi aspecto de yanqui sospechosa haciendo fotos a diestro y siniestro en plena celebración del aniversario del Día de la Rebeldía del Pueblo de Cuba con la ciudad repleta de militares y yo sin saberlo...

Sin castañera, pero con mucho entusiasmo (estudiar las copias de esta estatua repartidas por el mundo, hmmm... ), les deseo unas felices fiestas.
Cal.

martes, 13 de diciembre de 2011

"Vuelva usted mañana" revisited.
De panteón en panteón.

Manuel Leguineche trató de emular hace años la hazaña de Phileas Fogg emprendiendo un viaje de ochenta días alrededor del mundo trazando el mismo itinerario que Verne propuso en su novela. Pese a una planificación previa del viaje tardó ochenta y un días: se topó con una de las grandes enemigas de la libertad, esto es, la burocracia.

En este último viaducto de la Constitución-Inmaculada me he sentido más bien como monsieur Sans-délai, el personaje del artículo "Vuelva Usted Mañana" de M.J. Larra. Me ha dado infinita pena corroborar en mis propias carnes que España no ha cambiado demasiado desde el siglo XIX, nuevas tecnologías mediante. Miren, qué asco me dan a veces las cosas. ¿Nos hemos vuelto aún más tontos de lo que ya éramos o qué?

Perdonen la diatriba, pero así les prevengo por si quieren ir a fotografiar en este caso dos panteones: el Real de San Isidoro (León) y el también Real de la catedral de Santiago Apóstol (Santiago de Compostela).

Empiezo por el primero: el Panteón Real de la colegiata de San Isidoro en León capital, una auténtica preciosidad románica, una delicia para los sentidos, la quinta esencia de la pintura románica (que me perdonen los vecinos de Taull y los de Berlanga). Ya había estado con anterioridad y me quedé algo chafada porque no dejaban sacar fotografías. También les diré que me parece lógico pues los frescos son muy sensibles a las luces del flash y las visitas numerosas.

Ni corta ni perezosa me puse en contacto con el Museo de San Isidoro por si existía la posibilidad de traerles a ustedes (y a mí misma, conste) unas instantáneas aderezadas con un texto histórico-artístico e incluso antropológico sobre el mismo. Muy amables me contestaron en el mismo día, peeero lo que me indigna ha sido alguna de las condiciones para tal menester:
1. No se pueden hacer fotografías dentro del horario de visitas (me parece bien).
2. Se debe cumplimentar un impreso de identificación, etcétera (bien también)
3. Se tiene que pagar una tasa de 76 € más IVA por hora de trabajo (o sea, 90 €, que de acuerdo, el mantenimiento de estos edificios se las trae, pero ¿90 € por una hora? Excesivo, lo siento).
4. Se tiene que ceder una copia al centro del material obtenido (¿perdón?).

Este último punto es el que más me cabreó. De manera que tengo que pedir un permiso, acomodarme a las horas en las que no haya visitas (casi mejor, también os lo digo), firmar unos papeles y ¡¡¡¡¡¡¡¡¡regalarles mi trabajo!!!!!!!!!!! Oigan, señores, lo mismo que ustedes se ganan la vida mostrando y protegiendo un patrimonio que, me temo, es de todos, yo me gano la vida -o al menos lo intento- como fotógrafa. Una de mis fotos vale tanto o más que el precio que ustedes cobran por una hora de visita y aún así tengo que cedérselas de balde... ¿Dónde quedan mis derechos como fotógrafa? Miren, nunca me ha importado brindar estos derechos, esta bitácora es de licencia Creative Commons, pero que tenga que pagarles y además obsequiarles con mi trabajo para que después hagan con mis imágenes lo que les venga en gana, lo siento: no (hay un refrán castellano que resume muy bien todo lo dicho: encima de puta, poner la cama).

Aún así tendré que transigir si quiero obtener mi propósito. ¡Lástima, oigan!

El segundo: el Panteón Real de la catedral de Santiago Apóstol en Santiago de Compostela. Partamos del punto de que la cagada ha sido mía desde el principio por no documentarme bien antes de salir rumbo a Galicia. Acudí a la fuente principal, la web del monumento (también acudí, cómo no, al foro de Enterramientos Reales), para informarme por si había algún problema con las fotografías. Por lo visto leí en diagonal y no me percaté de que el Panteón Real está, aunque anexionado a la propia catedral, en el museo. Y en el museo no se pueden hacer fotos...

Cuando compré la entrada del museo expresé mi deseo de tomar unas instantáneas únicamente en el Panteón Real explicándoles mi proyecto ¡La Muerte Os Sienta Tan Bien! En principio no me pusieron mayor objeción. Al entrar al museo pedí de nuevo permiso al hombre que picaba los tickets y a los guardas de seguridad: mientras seas respetuosa, no hay ningún problema, me dijeron. Rauda me dirigí a la planta del claustro. ¡Mamma mía, aquello es una tumba andante!

Las cuatro alas del claustro están repletas de lápidas de personas relevantes en algún momento de los ochocientos años de historia de la catedral de Santiago Apóstol.

Entré al panteón y casi muero del susto ante tanta belleza: seis sepulcros medievales, algunos más acertados que otros, adosados a las paredes de la sala con sus escudos nobiliarios en la clave del arco.

Les juro que ni rocé nada de lo que allí se exponía y han de creerme cuando les digo que algunos candelabros estaban situados en lugares que dificultaban el proceso.

Sepulcro de la reina Juana de Castro, esposa de Pedro I, con ese bonito candelabro delante de la faz de la estatua.
Sepulcro de Pedro Froilaz, Conde de Traba, Ayo del rey Alfonso VII, con otro bonito candelabro en la testa. Tiene otros dos a los pies que ni un contorsionista del Cirque Du Soleil podría sortearlos.

A los diez minutos se acercó el guarda de seguridad para decirme que no estaban permitidas las fotos a lo cual respondí que ya lo sabía, pero que me habían dado consentimiento abajo y que no estaba utilizando en ningún caso el flash. Ay, soy más paciente que el santo Job, pero se me cruzaron los cables en aquel preciso instante en el que me hicieron sentir como una terrorista sacándome del panteón por las buenas, eso sí. Les he de decir también que en el tiempo que estuve allí todos o casi todos los visitantes provistos de sus ayfons y de sus compactas hicieron disparos en la capilla y no se les dijo nada. Fui poco astuta, lo sé. Utilicé la asertividad en el lugar equivocado granjeándome que mi trabajo se quedara a la mitad. :-(

Burocracia 1 - Calamidad 0

Pero soy más terca que una mula y me encaminé hacia la caza y captura del permiso. La Casa del Deán estaba literalmente andamiada, con un cartelillo que decía "Le atendemos más abajo". Fui a la Oficina del Peregrino (era el lugar donde atendían más abajo) y pregunté amablemente a los muchachos cómo obtener el permiso. Se me quedaron mirando como las vacas al tren. Me enviaron de nuevo a la Casa del Deán. Dí una vuelta en busca de un timbre. Nada. Volví a la Oficina del Peregrino. La segunda vez  hubo una consulta a algún compañero más enterado (¡pobrines, me atendieron fenomenal, conste!) y retomaron la misma monserga.

Burocracia 2 - Calamidad 0

Aún así no tiré la toalla y fui a la Cofradía de la Orden de Santiago situada en la misma catedral. La mujer que me atendió fue amabilísima y me puso en contacto telefónico con la persona que me daría el ¡ay! permiso. Tenía que enviar un email y bla, bla, bla (también cederles el material obtenido, ¡qué manía, carajo!). Le expliqué al señor que se situaba al otro lado del teléfono que me tenía que ir a las tres de la tarde -eran poco más de las doce- y que no podía enviarle un email ya que estaba de vacaciones y no tenía ningún dispositivo con el que acceder a internet. También le conté mi proyecto, esta bitácora, que creo le entró por una oreja a la misma velocidad que le salió por la otra.

Burocracia 3 - Calamidad 0

Fin de la historia. :-/

Yo no sé si son conscientes estos establecimientos del flaco favor que se están haciendo a sí mismos a la larga poniendo taaantas trabas y taaantos requisitos para poder mostrar y demostrar nuestra adoración y respeto hacia estos monumentos que, repito y creo, son patrimonio de todos. ¡Si es publicidad gratuita y además de la buena! (créanme cuando les digo que el boca-oreja es la mejor publicidad del mundo).

Soy consciente del avasallamiento turístico que solo busca la imagen en el lugar para decir a sus amigos y familiares "aquí he estado yo" (vayan al Louvre e intenten ver la Monalisa de Da Vinci para comprender lo que les digo) y creo que estas medidas están escritas básicamente para proteger el delicado patrimonio que tenemos, pero, no sé, cuando una muestra tanto respeto y cuidado, tanto arrobamiento y pasión por poder describir lo que está viendo con sus ojos, ¿no se podría levantar un pelín la mano?

Prometo obsequiarles después de esta rabieta no infantil con un bonito post navideño y otro de fin de año (ya les tengo casi casi horneados).