martes, 14 de febrero de 2012

Bienaventurados los que no hablan porque ellos se entienden. Un particular tributo a Mariano José de Larra.

En el mismísimo día de San Valentín no puedo por más que escribir sobre Mariano José de Larra por dos motivos. El primero porque justo ayer fue el aniversario de su muerte y el segundo y más sentimental porque gracias a este señor, al cual ya le sacaría cerca de diez años de edad, la abajo firmante se empeñó en estudiar Ciencias de la Información. Pensaría que escribir como él era fácil, ja... Eso sí, puedo decir que al menos nos parecemos en una cosa: en la cantidad de pseudónimos que ambos atesoramos. ;-)

En su tumba casi siempre se pueden encontrar flores y velas.
La biografía de Larra nos es familiar ya que es -o era- un autor de obligada lectura en nuestras escuelas. Fue uno de los máximos representantes del Romanticismo patrio (y eso que su estilo tiene poco que ver con el Romanticismo decimonónico al uso) junto con Bécquer, de Castro, el duque de Rivas, Zorrilla... dejando un legado literario importantísimo aunque muriera con tan solo veintisiete años por causa de un disparo que él mismo se pegó en la sien tras una peleílla (la última peleílla de hecho, hubiese o no muerto después) con su platónica amante Dolores Armijo.

Pero posiblemente lo que más le dolía a Larra era su amada España, anquilosada en el pasado, mezquina y retrógrada, hipócrita, digna de un suicidio a lo Henri Roorda, pero sin dejar testimonio previo de ello. O sí, no hay más que leer sus artículos de costumbres.

Detalle del medallón de la tumba con el busto del escritor.
Pese a ser muerto por suicidio los representantes eclesiásticos de la época dejaron inhumar su cuerpo en tierra sagrada y así fue a parar en un primer momento al Cementerio del Norte, hoy en día desaparecido. A su sepelio asistieron unas quince mil personas lo cual demuestra la increíble fama que atesoraba el escritor madrileño entre los ciudadanos de la capital y de fuera de ella ya que un joven José Zorrilla leyó una oda en su funeral que le auparía poco después a la primera división del mundo literario del momento.

Dicen que el tiempo es el olvido pero Larra mantiene hoy en día -cerca de doscientos años después de su muerte- una fervorosa caterva de fans entre los cuales me incluyo. La Generación del 98 reclamó la figura de Larra como mentor y padre de la misma. Más recientemente el periodista ya fallecido Luis Carandell volvió a hacer hincapié en el homenaje continuo hacía el escritor reinstaurando la costumbre de asistir al menos una vez al año a visitar su sepultura y depositar unas flores en muestra de agradecimiento.

La tumba de M.J. Larra dentro del Panteón de los Hombres Ilustres de la Sacramental de San Justo en Madrid.
Como decía un poquito más arriba Larra fue enterrado en el Cementerio del Norte pero fue en 1902 cuando la Asociación de Escritores y Artistas Españoles decidió trasladar sus restos al Panteón de los Hombres Ilustres que dicha asociación posee en la Sacramental de San Justo (Madrid). Allí tiene por vecinos a Espronceda, Rosales, Núñez de Arce entre otros. El propio lecho de Larra está compartido con otro de los grandes de nuestra literatura Gómez de la Serna y con José Gerardo Gómez Manrique de Lara, uno de los últimos presidentes de dicha sociedad.


Ahondando un poco en la ejecución de esta pieza funeraria, el arquitecto al cual se le encargó el proyecto fue Enrique María Repullés y Vargas y la ejecución de la obra de cantería al señor R. Algueró. Podemos incluso ver la firma de Algueró en una de las pilastras del monumento. Los medallones fueron cincelados por Miguel Ángel Trilles a excepción del medallón del pintor Rosales que es obra de Elías Martín. Según documentos de la época se incluían en dicho panteón dos estatuas procedentes de la mano de Agustín Querol, pero hoy en  día o están muy escondidas y no las he visto o no llegaron a adornar el panteón o se perdieron...

Vista general del Panteón de los Hombres Ilustres de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles dentro del Patio de Santa Gertrudis de la sacramental.
Ay, Larra, Larra, a ver si me contagias si quiera un poquito de tu genio.

8 comentarios:

  1. Me ha gustado el homenaje que le has hecho a Larra al igual que tus fotos. "Vuelva Ud. Mañana....:-)"
    Un abrazo

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  2. Es una lástima pensar que España no ha cambiado tanto desde la Década Ominosa, ¿verdad, Mar? A mí Larra me encanta, me chifla. Si hubiera estado en el lugar de la señora Armijo, otro gallo habría cantado. :-D

    Voy a releer el articulillo después de escuchar el homenaje de "En días como hoy" que nos ha pasado Jesús, a ver si tengo alguna imprecisión. Más que nunca escribí esto a vuela pluma y sin releer.

    Un besazo, guapa.
    Cal.

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  3. Un artículo bastante bueno. La verdad no savia que dos fechas tan “contrapuestas” estaban tan cerca. Por un lado la muerte de Larra es una tragedia en todos los sentidos; la pedida de un gran escritor siempre es una lástima, todos fantaseamos con lo que podía haber escrito(o no). Pero su muerte está cargada de toda su personalidad, de su forma de ser, y como con otros autores a ayudado a crear su leyenda. Quien no tiene en su mente la imagen de Stoker gritando Vampiro, Vampiro al morir; o la de Gaudí atropellado por un tranvía sin ver terminada su obra. No me imagino, a Larra muriendo de viejo en una cama rodeado por todos sus familiares.

    Por cierto, ¿las rosas que hay en la foto son tuyas?.

    Un saludo, Helevort.

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  4. Menandro decía que aquellos a los que los dioses aman mueren jóvenes. Luego la generación Beat (creo) se encargó de decir aquello de vive deprisa y muere joven para dejar un bonito cadáver. Yo tampoco me imagino a Larra sentado viejito. No sé qué habría sido de él... supongo que les tenía cuadrados y es muy posible que no se hubiera achantado frente a la sociedad desastrosa que era la España de entonces.

    Larra siempre suele tener flores de algún tipo en su lápida. Me parece que lo típico es llevarle violetas, pero no estoy segura. Estos claveles me les encontré allí puestos. Yo le hubiera llevado de mil amores los míos, pero mi economía no está como para gastar ahora en esos detalles. ;-)

    Un saludo y ¡buen finde, Helevort!

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  5. Estimada Calamidad. Larra sigue siendo de lectura necesaria. Continua en vigor. El objeto de sus ironías, humores, críticas y fustigaciones sigue padeciendo análogos defectos, semejantes miserias y maltrechos recorridos. Leer hoy a Larra es seguir descubriendo la intrahistoria de España. A mí, al menos, me alivia y me ayuda a soportar las indignaciones que mi propio país me proporociona todavía en ¡2012!

    Gracias por permitir mi comentario. Con Larra en el corazón.

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  6. Gracias por pasarte por aquí y por comentar, Juan de Mairena, está usted en su casa. :-)

    De Larra no puedo decir nada malo porque me encanta y, a pesar del paso del tiempo transcurrido, es cierto que muchos de sus escritos parecen actuales. Es una lástima que no hayamos avanzado demasiado desde la Década Ominosa y las Guerras Carlistas hasta nuestros días. ¿Quién sería el Larra de nuestros días? No creo que haya una voz tan crítica y poco vendida.

    Un saludo.
    Cal.

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  7. Llego desde el blog Dark House y ha sido, señorita Calamidad, todo un descubrimiento su blog. Cuánto he disfrutado con su texto y sus fotos. Además no conozco este panteón de hombres ilustres. Conozco algo, y su historia, el que hay en los dominicos de la Virgen de Atocha, pero este no. Tomo nota para una próxima visita a Madrid. Y desconocía que Repullés y Vargas, autor de la Bolsa de Madrid, y de la inacabada basílica de Santa Teresa de Alba de Tormes, tuviera obra funeraria. Un saludo.

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  8. Pues bienvenido/a Dlt. Dark House es un blog magnífico, me encanta. Echaré un vistazo al suyo.

    El Panteón de los Hombres Ilustres de Atocha fue el post que inauguró este blog. Le dejo un link. A ambos se les da poca importancia o ninguna. Es una lástima.

    Yo no soy entendida en Arte, así que la sorpresa ha sido igual para mí ya que no sabía de quién era el edificio de la Bolsa de Madrid y ¡vivo aquí! No tengo perdón.

    A ver si actualizo un poco esta casa. No sé quién dijo que quien no tiene tiempo no tiene vida, pero más o menos esta es mi situación actual y por ahí mi silencio en este blog.

    Un saludo.

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