viernes, 25 de enero de 2013

Eternamente errante. 
Las idas y venidas del Cid como finado (II).

Hagamos un recuento para refrescar la memoria. Desde que el Cid murió en el año 1099 hasta la fecha en la que nos encontramos -1808, en plena Guerra de la Independencia- los restos mortales del héroe medieval ya han sufrido ocho traslados. Cierto que la mayoría de ellos se llevaron a cabo dentro del monasterio de San Pedro de Cardeña. Es a partir de que el general Thiébault asumiera el gobierno y capitanía de Castilla la Vieja (con sede en Burgos) cuando el baile pasa de ser un apacible vals a convertirse en un polka.

De todos es sabido que a los humanos nos gusta borrar las huellas de anteriores dinastías cuando nuevos gobiernos acceden al poder. El paso de los franceses por la península ibérica acarreó un gran destrozo en nuestro patrimonio cultural. El monasterio cardeñero no se libró del saqueo. Los huesos de don Rodrigo y doña Jimena acabaron dispersados por la capilla de San Sisebuto tras la invasión de las huestes del conde de Lasalle. Los destrozos que se infringieron en los sepulcros ya los han podido ver en la primera parte de este post.