lunes, 21 de noviembre de 2016

Paseando con la Razón. Los 9 días Ad Eternum de la Sacramental de San Isidro, Madrid (España).

Cuando una se replantea la vuelta al ruedo cementeril, toma lápiz y papel y anota ideas aparentemente inconexas. ¿Retomo el repor que empecé de los arcosolios de los reyes portugueses? (Denso.) ¿Escribo por fin algo sobre el panteón Urrutia? (Tendría que volver a visitarlo.) ¿Continúo apostando por las tumbas pétreas que horadan los cerros de mi tierra? (La primera no tuvo mucho éxito.)

Mientras iba garabateando hojas y cotilleando sitios de internet que hacían percatarme de lo vivo que anda el ámbito de la muerte, encontré este post y me salió un eureka al más puro estilo de Arquímedes, porque ya asististí a la Ruta del Amor y ahora quería saber -¡necesitaba saber!- qué era eso de la Ruta de la Razón.

Este panteón no está como tal en la ruta que les presento, pero de siempre me han encantado sus flores de plástico y tela dejadas de la mano de dios, y como pasamos justo al lado de él, aquí que se queda.
Adelantándome a lo que sería el colofón, les diré que la Ruta de la Razón es una de las nuevas visitas guiadas que han diseñado desde el excelente equipo que trabaja en la Sacramental de San Isidro para conservar y dar a conocer el patrimonio que atesora dentro de sus añejas paredes. A diferencia de otros paseos, el de la Razón hace mayor hincapié en el personaje que en la parte artística del lugar. Aunque es difícil separar lo uno de lo otro puesto que la mayoría de tumbas de los patios monumentales son como poco espectaculares.

Trataré de no entrar en demasiados detalles porque quiero que estas fotos y este escrito sirvan tan solo de aperitivo. Lo importante es que muevan sus posaderas hasta la sacramental y oigan las historias con las apasionadas voces de Ana y Ainara.

Uno_ Panteón de los marqueses de Perales.
Puede parecer llamativa la circunstancia, pero la Ruta de la Razón empieza con la sinrazón de un atentado terrorista.

Situémonos. Madrid, 31 de mayo de 1906. El rey Alfonso XIII se está casando con Victoria Eugenia de Battenberg y de regreso al Palacio Real desde la iglesia de los Jerónimos, en plena calle Mayor, alguien lanza a la comitiva una bomba oculta en un ramo de flores provocando la muerte de veinticuatro personas y numerosos heridos.

En este panteón se encuentran dos de las víctimas, dos mujeres de 31 y 13 años, familiares de los marqueses de Perales.
Mateo Morral Roca es un nombre ajeno a muchos de nosotros, sin embargo es un personaje importante dentro de nuestra historia reciente. Siendo de familia bien, Morral se dejó seducir por las ideas anarquistas durante sus viajes de estudios por Alemania y Francia y trató de ponerlas en práctica en la propia empresa familiar participando incluso en varias de las huelgas que se celebraron.

Decidió dejar el negocio familiar para volcarse de lleno a la causa anarquista llegando a escribir breves textos apoyados por la crème de la crème en materia de republicanismo (Nicolás Estévanez) y anarquía (Alejandro Lerroux).

Cuentan las hemerotecas que tras el intento de regicidio, al verse acorralado por las fuerzas de seguridad del Estado en su huída, Mateo Morral se pegó un tiro en el pecho. Sin embargo, hoy en día no está tan clara la idea de suicidio y se empieza a apostar por la hipótesis del homicidio para, ¡quién sabe!, no destapar en aquel momento trágico una trama más compleja y difícil de entender que la del loco que quiere matar a un rey.


Dos_ Panteón de Bárcenas.
Un apellido muy jugoso si nos quedamos con la actualidad informativa, pero, no se lleven a engaño, no hablamos de ese Bárcenas, sino del lugar de reposo eterno de la familia Hauser Bárcenas, aunque en la puerta nos encontremos con la inscripción López de la Osa, actual propietario de la construcción. ¡Menudo cacao de nombres!


La obra original de este panteón recién restaurado se la debemos al arquitecto José María Loredo. Pero la gracia del espectacular y a la vez contenido monumento es que es una copia del panteón de los condes de Santamarca, obra de Agustín Ortiz que también se puede apreciar en la sacramental, en la que se ha sustituido la decoración neoclásica de aquel por la neogótica del este.

Gárgolas monstruosas, pináculos y vitrales de arco apuntado, elementos básicos de cualquier edificio neogótico que se precie.
Siempre que veo un caso de cocos (copias y coincidencias), pienso en la frase de Picasso un artista copia, un gran artista roba. Interprétenlo a su manera. ;-)


Tres_ Sepultura de Joaquín Oriol y Galup. 
Empecemos con un cursillo acelerado de iconografía funeraria visitando la tumba de este militar.


Podrán estar pensando en el estado de dejadez de la tumba y en qué tiene ésta que no tengan las otras más grandiosas que la circundan. Sepan que la Sacramental de San Isidro -ya lo he dicho en esta casa alguna que otra vez- es uno de los cipresales más importantes de Europa y que el espacio adquirido por un particular al cementerio es suyo propio y por lo tanto no se puede intervenir en él salvo que la familia lo permita y, por la parte arborícora, las autoridades pertinentes lo aprueben. Así que nos encontramos con situaciones curiosas como esta:

Un ciprés engullendo el enrejado de la tumba. El caso más espectacular que he visto de estos árboles glotones está en otra sacramental cerca de San Isidro. (Un día de estos les cuelgo una foto de los cipreses fundentes de San Lorenzo.)
Pero volvamos a la iconografía, ámbito de estudio que nos apasiona a gran mayoría de amantes necropolitas.

Medallón con manos en saludo que corona la lápida funeraria.
Existen figuras que nos refieren automáticamente al mundo masónico y las sociedades secretas. Tanto Ana, nuestra guía, como yo les remitimos a la bitácora Oriente Eterno, capitaneada por Víctor Guerra, un masón que les quitará la venda de los ojos en cuanto a mundo masónico funerario se refiere.

Retomando nuestra tumba, lo que vemos aquí arriba no es ningún símbolo con secretos significados. Tras su estudio se puede percibir que se trata de un saludo entre esposos ya que una de las manos es femenina y la otra masculina. Misterio desvelado.

Por cierto, en la ruta no se reparó (seguramente por su difícil acceso) en la clepsidra que encontramos en la parte trasera de la lápida. Otro signo ampliamente utilizado en el mundo funerario decimonónico y de principios del siglo XX.

¡Tempus fugit, amigo!

Cuatro_ Panteón de los marqueses de Casa Riera.
Entramos en la zona heavy de la ruta, repleta de simbología y artificios en las siguientes paradas. Detengamos nuestros pasos, si es que no se detienen ellos solos, ante la obra proyectada por Pascual Herranz y Silos para los marqueses de Casa Riera.

Ana nos explica a los presentes los distintos elementos que conforman la exquisita decoración del mausoleo.
Puede resultar chocante para un español que esta pieza se considere neorrománica si nos viene a la cabeza la austeridad del Románico burgalés o palentino, pero Herranz se fijó posiblemente en el Románico italiano al diseñar, entre otra infinitud de detalles, esas columnas torneadas que inevitablemente nos recuerdan a San Juan de Letrán en Roma.

Mochuelos, animales que representan el viaje de la oscuridad hacia la luz, en los capiteles de las puertas.
Detalle de los falsos ventanucos anejados a las paredes exteriores del mausoleo que a mí me recuerdan, salvando las distancias, al ataurique islámico.
Corona de siemprevivas pétreas en los chaflanes para que no se desvanezca el recuerdo de los allí inhumados.
Rozando el estilo ecléctico cuando se mira desde esta perspectiva, ¿no les parece?
Cabe señalar que el panteón de Casa Riera es un mutatis mutandis dentro de la norma funeraria de la época ya que, a excepción de los propios marqueses inhumados en nichos, el resto de familiares lo están en el suelo directamente, cosa poco común cuando hablamos de un panteón nobiliario.


Cinco_ Tumba de Antoni Palau de Mesa.
Una tumba con mucha enjundia, repleta de iconografía a veces escurridiza a la hora de ser interpretada.


Antoni Palau de Mesa fue un senador español que participó en la Revolución de la Gloriosa del lado del rey Amadeo I de Saboya. En la losa podemos apreciar dos adornos interesantes. Por un lado la corona de laureles que esta vez no se muestra como ofrenda funeraria sino como exhibición de los honores que el finado tuvo en vida. Por otro, las antorchas colocadas con el fuego boca abajo, que se repetirán en varias ocasiones en todo el monumento, representando la llama de la vida que se apaga, una especie de ¡eso es todo, amigos! fúnebre.

El juego iconográfico se repite flanqueando la información de la losa.
Las esculturas que decoran el pilar que se levanta tras la losa del político ibicenco llevan la firma del genovés Antonio de Barbieri y pueden traer de cabeza a cualquiera que quiera estudiarlas en profundidad.

A los pies del podio con el retrato de Palau de Mesa se encuentra grabada la fecha, lugar y firma del autor.
Un Hermes muy peculiar, como si fuera un ángel.
¿Caridad o matrona romana?
Como les comenté al principio, este post quiero que sirva de prólogo al libro que representaría la propia ruta, así que si quieren desvelar los misterios de estos preciosos grupos escultóricos, tendrán que ir a contemplarlos in situ. Yo les dejo algunos detalles que les podrán dar pistas.

Retrato de Palau de Mesa sostenido por una alegoría de la Justicia ¡sin venda!
Cuidar y proteger en vez de amamantar.
Un moñete al gusto griego clásico, al igual que los ropajes que luce.
¡¿Un ibis?!

Seis_ Tumba de Asuero y Luis Figuerola-Ferretti.
Los cementerios hacen a veces extraños compañeros de viaje. Tal es el caso de esta sepultura en la cual mora la familia de un médico pionero de la medicina alternativa y un periodista satírico.


¿Quién no recuerda el famoso jingle de las Muñecas de Famosa? Pues esa letra fue idea del periodista Luis Figuerola-Ferretti cuando en vez de ponerse al frente del micrófono en la radio, se dedicaba al copy publicitario.

Quizá el nombre no les suene a los más jóvenes (¡incluso a los no tan jóvenes!), pero Figuerola fue el padre de la sátira periodística a través del personaje gracias a un programa de la Cadena Ser que lo petó en los 90: La Verbena de la Moncloa. Una especie de Spitting Image radiofónico a la española que incluso llegó a conseguir el premio Ondas.

Una de las cruces que adornan las tumbas.
Llenas de flora simbólica: hiedras, siemprevivas en guirnalda, adormideras... 
Su vecina es Facunda Asuero, madre de un personaje carne de cañón para programas que indagan en el misterio y lo paranormal, el llamado Doctor Milagros. Su nombre real fue Fernando Asuero y Sáez de Cenzano, galeno donostiarra de finales del siglo XIX que armó un revuelo digno de película (de hecho hay una peli documental de la época) con su praxis médica.

El Doctor Asuero inventó la asueroterapia, una técnica basada en la reflexoterapia, que consistía en la excitación del nervio trigémino. Fue capaz de sanar diferentes dolencias, desde el asma hasta problemas de motricidad reducida. Su consulta estaba siempre llena, los casos de éxito se contaban no por decenas sino centenas, imitadores del doctor comenzaron a salpicar diferentes lugares de la geografía, pero nunca se pudo demostrar de manera canónica cuál era el quid del método, con lo cual se desechó la técnica tildándola de no científica.

Detalle de la fecha inscrita sobre orla tallada en piedra, algo muy común en este periodo.

Siete_ Tumba de Jaume Girona i Agrafel.
Llegamos a uno de los puntos fuertes de la ruta a nivel artístico. Y no es porque el resto de tumbas no sean de por sí piezas excelentes en uno u otro sentido, es que aquí nos encontramos con una estatua esculpida por Agustín Querol.
Cuesta verla entre los cipreses, con el mausoleo de Casa Riera por detrás y el de Francisco Gallo y Acero por delante, pero ahí está emergiendo entre la sombra.
Jaume Girona i Agrafel, el promotor e inquilino del lugar, fue un personaje catalán que tocó todos los palillos empresariales en boga de su época: fundó el Banco de Castilla, el Banco Colonial, Duró Felguera, Altos Hornos de Vizcaya, etcétera. Le fue muy bien en todo lo que hizo y, como de costumbre entre los pudientes, hizo construirse una tumba que reflejara en muerte el prestigio que consiguió en vida.

La pieza estrella del monumento, tal y como señalo párrafos arriba, es el Salvador de Querol. Sin embargo, el poder cautivador de esta escultura no ha de despistarnos de la extravagante decoración que nos regala fuste del pilar.

Dicen los expertos en la materia que se trata de Cristo en el Huerto de los Olivos, de ahí su postura.
Por lo pronto cada uno de los festones que decoran las caras de la base es diferente.

Rosas, siemprevivas, margaritas, azucenas, campanulas, adormideras... juraría que hasta hibiscos veo en la primera de las coronas.
Quién sabe si fue una broma post mortem o si esconde una lectura distinta que hoy no conseguimos interpretar, pero mirando con detenimiento los detalles nos encontramos con lámparas de aceite al más puro estilo de Aladino y clepsidras con alas de murciélago, algo no muy frecuente. ¿Quiso rendir homenaje a su ciudad natal, Barcelona, u otra cosa?

Ciertamente no es la primera vez que veo una clepsidra con alas de murciélago, aunque desconozco que haya otra igual en Madrid.

Ocho_ Panteón de Francisco Gallo y Acero.
De nuevo nos dejamos mecer por la contemplación de la belleza sin más ni más al visitar este enterramiento.

Plano general del panteón que se puede apreciar desde la calle principal que recorre el patio de la Purísima Concepción.
Si algo puede llamar la atención al neófito en la materia es el estupendo ángel que corona la tumba. No anda desencaminado ya que, pese a que se haya perdido la cabeza, el fino trabajo de los ropajes y de las alas (con las plumas trabajadas una a una) denota calidad y mimo en su hechura.

Con figuritas así, una recupera la fe en que le vuelvan a entusiasmar los ángeles como decoración de sepulturas. Por cierto, esa rama de palma, ¿qué hace ahí?
El retrato del señor Gallo Acero también es de gran calidad, pero lo realmente extraordinario es la iconografía floral donde vemos una idealizada pasiflora (relacionada alegóricamente con la Pasión de Cristo) rodeada de cápsulas de adormidera.

Cinco estambres para apelar a las cinco heridas de Cristo y tres estilos para recordar los tres clavos de la crucifixión.

Nueve_ José Echegaray.
Nos quiere sonar el nombre, pero pocos podrán concretar quién fue exactamente José Echegaray. En el obituario que el periodista Manuel de Cavia escribió para su funeral dijo aquí yace el siglo XIX. Por decir algo más, Echegaray, matemático a nivel académico (y también profesional), fue Nobel de Literatura en 1904, por mentar tan solo uno de los innumerables logros que tuvo en vida.

Sin lugar a dudas su historia y las terribles (vistas desde nuestro tiempo más bien tiernas) disputas que mantuvo con Valle-Inclán darían no solo para un post propio sino para un trepidante libro biográfico. Su familia sabe de la importancia del personaje y por eso, aunque compartan con él espacio para el viaje eterno, en la lápida solo aparece su nombre.



Diez_ Panteón de los condes de la Cimera.
¡Oh, maldito Mal de Stendhal! El panteón de la Cimera tiene desde mi punto de vista un defecto que no le corresponde, pero sí le afecta: estar justo al lado del panteón Guirao. Eso hizo que mis pies me llevaran irremediablemente hacia este último en vez de escuchar con atención la explicación de nuestra guía Ana. Afortunadamente pude contemplar su fastuoso interior, inspirado por la Cripta Real del Monasterio de El Escorial.

La obra, apoyándose en el estilo barroco clasicista dieciochesco francés, fue proyectada por el arquitecto Joaquín Saldaña López en 1918.
Lo sé. Mis pobres fotos de este interior piden a gritos una segunda (y más calmada/centrada) visita.
La disposición de los féretros de piedra oscura encajonados entre paredes claras, también me recuerda al panteón de la Casa Ducal de Alba en Loeches, del arquitecto Juan Bautista Lázaro de Diego. ¿Qué opinan? Claro que allí también se dejaron inspirar por El Escorial. ;-)

Once_ Sepultura de Manuel Alonso Martínez.
Hay un programa que emiten de manera díscola en Telemadrid -El Punto sobre la Historia- en la que un par de ciclistas la mar de simpáticos nos explican subidos en sus bicicletas y con la colaboración de los vecinos de la zona las historias de los personajes que dan nombre a calles, plazas y estaciones de Metro de la capital del reino. Les aconsejo que lo vean.

Presidiendo la parte central de esta tumba se ve un retrato del insigne Manuel Alonso Martínez, principal impulsor de la redacción de nuestro Código Civil, dentro de un medallón rematado en arco conopial de inspiración neogótica.
¿Por qué viene a mi cabeza este programa ahora? Porque estoy convencida de que David Botello y Lorenzo Gallardo -los ciclistas historiadores e historietistas- tendrán algún programa sobre Alonso Martínez, político español del siglo XIX que da nombre a una plaza, pero también a una estación de Metro madrileña y seguro que se les hace más ameno que leer el tremendo parlamento que tuvo que grabar el marmolista en la piedra a la hora de plasmar sus múltiples logros. Tanto es así que terminó por plantar un etcétera, etcétera y se quedó más ancho que largo.

Dos signos tipográficos de etcétera (&C) al final de la lápida. 

Doce_ Panteón de los marqueses de Almonacid.
Quizá no venga a cuento escribir lo que les voy a narrar a continuación, pero me hace ilusión dejar negro sobre blanco esta anécdota de mi infancia. Cuando era pequeña me encantaban las tardes de viernes en las que nos dedicábamos a colocar los sellos recién salidos de la plancha que recibía periódicamente mi padre por correo. Sin duda uno de los que más me gustaron fue el del retrato de la condesa de Vilches dentro de una serie filatélica dedicada a las pinturas de los hermanos Madrazo. Provocó una fascinación tal en mí que, en un mundo como el de entonces, sin internet y con difícil acceso a bibliotecas más allá de las municipales, conseguí localizarlo y por fin, con dieciocho años ir a verlo in situ al Museo del Prado.

Pero Amalia de Llano todavía me tenía reservada otra sorpresa: está enterrada en uno de los panteones que más me gustan de la sacramental de San Isidro, uno de esos que no tiene de , pero tiene de .

Obra decimonónica del arquitecto Wenceslao Gaviña Baquero.
Ya les habrán visto en otras ocasiones por aquí, ¡esos dos leones maravillosos! que, por cierto, el otro día navegando sin rumbo por internet, me topé con una copia de uno de ellos en la Gallería de la Academia de Venecia Ô_Ô No me he puesto a tirar más del hilo ya que, en fin, esto se haría eterno. No obstante ahí se ha quedado el misterio anclado en mi cerebro a modo de subrutina en una memoria RAM que se reactivará la próxima vez que visite la capital del Veneto.

¿Quién esculpió los leones que custodian la entrada...?
De este no he encontrado copia, pero algo me dice que seguramente también la tenga.
Hablando de estos soberbios leones se me ha ido el santo al cielo y poco les he contado de Amalia. Merece la pena que gasten unos minutos de su vida conociendo la de ella porque es como la de esos actores secundarios que no copan las portadas del papel cuché, pero son capaces de levantar con la calidad de su actuación cualquier berenjenal en el que participen.


Trece_ Tumba de Leonardo Torres Quevedo.
Menos mal que existen personas interesadas en que no olvidemos los personajes de los cuales deberíamos enorgullecernos porque si se fijan en la siguiente sepultura, o bien conocen ya la historia de Torres Quevedo o bien tienen mucho tiempo libre para percatarse de su existencia.

Es curioso, pero tener la tumba más fastuosa del mundo no significa que las hazañas en vida del difunto estuvieran a la misma altura y viceversa.
Se puede decir sin miedo al rubor que Torres Quevedo es nuestro particular Nikola Tesla, pero la mayoría de las veces tienen que venir de fuera para recordárnoslo.

A mí personalmente me encantan este tipo de personajes por un detalle que puede pasar desapercibido al resto de la gente y es que despuntan pasado ya el ecuador de su vida. Sí, sé que es tonto quedarse con semejante menudencia cuando estamos hablando del inventor del funicular Spanish Aerocar de las cataratas del Niágara (y otros muchos funiculares y trasbordadores), del pionero que concibió el primer mando a distancia (el telekino) o del que coqueteó con la primera inteligencia artificial del mundo allá por el XIX (el ajedrecista) entre otro muchos inventos.


Campana y se acabó.
Si después de llegar hasta aquí, aún les parece poca cosa, lo siguiente les animará sin lugar a dudas a acercarse hasta la san Isidro porque, unas fotos se pueden ver en cualquier lado, pero la música en directo, solo se puede disfrutar en persona.  Como broche de oro de la ruta, la actuación de una soprano y su pianista que nos deleitaron con diferentes piezas musicales de finales del XIX así como canciones procedentes del folclore ruso y español.


Nos vemos en nada y menos. ;-)
Cal.

Bibliografía y documentación_
  • Figuerola-Ferreti, Luis, El Duende de la Radio, blog personal, 2007-2016 (link).
  • Huelves Muñoz, María José, Herederos del título nobiliario Condes de la Cimera durante los siglos XIX y XX, Cuarto Centenario de la Casa del Rey, 1997, archivo digital del Ayuntamiento de Arganda del Rey (link).
  • Matos, Alberto, No es serio este cementerio, EFE Tur, 30 de octubre de 2015 (link).
  • Museo del Prado, Jaime Girona, luego I Conde de Eleta (link) y Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches (link) ambos de Federico de Madrazo, archivo digital de la colección del museo.
  • Pérez Abellán, Francisco, El asesinato de Mateo Morral impidió conocer la trama oculta, ABC,  31 de marzo de 2015 (link).
  • Ramile, Janira, La historia de Fernando Asuero y sus increíbles curaciones, Más Allá de la Ciencia, número 249.
  • Rodríguez, Guillermo, El día que Mateo Morral intentó matar a Alfonso XIII, Huffington Post , 17 de junio de 2014, (link).
  • VVAA, Doctor Fernando Asuero y sus increíbles curaciones, Información por la verdad, blog, 19 de febrero de 2012 (link).
  • Wikipedia, versiones castellana, catalana e inglesa.
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12 comentarios:

  1. Jolines,niña: pensábamos que nos tenías abandonad@s y nos has dejado con unas ganas de ver ésta Ruta !!!Abrazos !!!

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    1. ¡Qué va! :-D :-D :-D Sí que es verdad que los estudios me han dejado poco margen para hacer otras cosas que estudiar y sobrevivir, pero tenía ya ganas de poderme reorganizar para retomar el blog con ganas. De hecho he estado haciendo muchas cosillas con él; cosillas que aún no podéis apreciar, pero que disfrutaréis en breve (¡eso espero!).

      Abraçada molt fort per a vosaltres també!!!

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    2. Pues que nos alegramos muy mucho por tí (y por nosotros,je,je).Ya esperamos ver "esas cosillas"!!! Dues abraçades molt i molt fortes !!!

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  2. Qué alegría, oye. Y qué envidia. Y qué cosas: el de la condesa es el primer cuadro de Madrazo que conocí, y el único recuerdo que compré la primera vez que estuve en El Prado fue un marcapáginas con esa cara coqueta en él.
    Y qué alegría, oye.

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    1. ¡Qué alegría la mía al ver un mensaje tuyo Neo! :-D ¿Dónde te metes, hombre?

      Que sepas que ese mismo marcapáginas compré yo cuando fui al Prado por primera vez y aún lo conservo. Me da pena usarlo para que no se estropee. ¡Es tan mona esa sonrisa y tan bonito ese azul!

      Besos a mansalva y ¡vuelve, porfi! :-)

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  3. Magnifica ruta y da gusto ver como se implica la guía en ella. Para recomendar

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    1. ¡Bienvenido Tornapeon y gracias por tu comentario! La mejor manera de sentir la implicación de Ana y de Ainara es ir a escucharlas en persona. Son, ambas dos, una auténtica pasada explicando los vericuetos del cementerio. Se nota (y doy fe) que las encanta.

      ¡Absolutamente recomendable!

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  4. Hola!
    Felicitaciones por el artículo del blog.
    Tuve la fortuna de hacer las dos rutas de la mano de Ainara y Ana. La visita se puede contar pero, confirmo de primera mano que nada como estar en el lugar, escuchando sus apasionantes relatos en un espacio tan lleno de historia y fascinante como El Cementerio Sacramental de San Isidro, estar ahí, sentir cómo exteriorizan y trasmiten todo lo que cuentan...,en mi opinión la descripción escrita, por muy detalla que sea,nunca será ni remotamente cercana a las sensaciones que nos trasmiten escuchando sus relatos en directo. Yo hice el viaje desde Barcelona para hacer las 2 rutas y lo recomiendo ;)

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    1. ¡Hola, Apu! Tu felicitación, sabiendo lo implicado que estás con estos temas, me sabe especialmente bien.

      Estoy completamente contigo. Esto, por muy bien escrito que esté, no deja de ser un sucedáneo y ya se sabe que los sucedáneos, por muy conseguidos que estén, no dejan de ser meras copias. Mucho mejor ir allí y dejarse conquistar por las voces de Ana y Ainara. ;-)

      ¡Gracias por tu comentario y bienvenido!

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  5. Visitaste la tumbas del doctor Marañón y de Ortega y Gasset?

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    1. ¡Hola, Enrique! Cuánto tiempo (aunque te suelo leer/ver en chez Sira) :-)

      No visitamos la tumba de Ortega y Gasset. De hecho... ejem, ni siquiera sabía que estaba en San Isidro. Así que tendré que darme un nuevo paseo por allí para rendir homenaje ya que me gusta mucho además (la Universidad, ¡qué recuerdos!).

      La del doctor Marañón está en San Justo. Esa sí que la he ido a ver, varias veces, porque está justo al lado de la tumba de Miguel Moya, esculpida por Benlliure.

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  6. Es que Miguel Moya era el suegro de Marañón.

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