lunes, 24 de julio de 2017

Llevando una vida de perros. 
El Cimitière des Chiens en Asnières-sur-Seine, París (Francia).

Cada día estoy más convencida de que los cementerios son espacios llenos de amor. Cuando paseo por lugares de descanso eterno tan encantadores como el Cimitière des Chiens et autre Animaix Domestiques (cementerio de perros y otros animales domésticos) de París y alucino con la ternura y el afecto que allí se encuentran, me reafirmo en mi postura.

Porque gastarse la pasta en la lápida de un familiar humano –aunque sólo sea por el decimonónico y todavía vigente qué dirán– es normal, pero hacerlo con un familiar no humano, ¡es digno de admiración! Y cuanto menos, merece un modesto post en esta casa cibernética. Asimismo merece una visita por parte de ustedes, queridos lectores, la próxima vez que se acerquen a la capital gala, que la Torre Eiffel está ya más vista que el TBO.

La entrada principal se muestra sinuosa y algo naíf comparada con los grandilocuentes propileos cementeriles de la época.
Ahora nos suena un tanto primitivo lo de abandonar un cadáver a su suerte, pero ¿qué hacer con tu fiel amigo cuadrúpedo fallecido si vives en una gran ciudad? A finales del siglo XIX los parisinos se plantearon la misma pregunta. Entonces la costumbre era arrojar los animalitos muertos al río Sena o dejarlos por ahí en cualquier lugar, incluso dárselos a carniceros (¡flipen!).

El apogeo de las costumbres higienistas, que, como ya he escrito por aquí en alguna ocasión, propició el nacimiento de los más bellos cementerios románticos y neoclásicos, llevó a nuestros vecinos europeos a promulgar una ley en 1898 por la cual se prohibía abandonar a su suerte o arrojar los cadáveres de animales a los ríos o a los fosos de los castillos. A su vez se vetaba la inhumación de los restos a menos de cien metros de cualquier núcleo urbano.

Ni cortos ni perezosos, la periodista y actriz Marguerite Durand y el abogado George Harmois consiguieron en apenas un año fondos y terreno para levantar en la Île de Ravageurs (una islita a orillas del Sena, al noroeste de la capital, ocupada en aquellos días por traperos) el cementerio de animales de compañía.

El deseo de Harmois y Durand, a través de la Société Française Anonyme du Cimitière pour Chiens et autre Animaix Domestiques, fue en principio más ambicioso que la recoleta necrópolis-jardín actual. Querían levantar columbarios, un palomar, un museo dedicado a los animales de compañía... Además Eugène Petit, el arquitecto modernista que se encargó del proyecto, planteó la obra en torno a diferentes parterres según fuese la mascota. Uno para perros, otro para gatos, para pájaros y para otras especies.

Nada de esto se construyó salvo las bellísimas puertas flanquedas por canes en guardia, y en vez de palomar, hay una casita al final del parque para resguardo de los mininos que lo custodian. Las tumbas tampoco discriminan entre especies. Perros se mezclan con gatos, con pájaros, con caballos, ponis, monos, roedores..., incluso peces. Y el verdadero museo lo constituyen las muestras de cariño diseminadas allá por donde posen la mirada.

¡Tachán!
Nada más atravesar la garita de seguridad nos topamos con una rotonda repleta de diminutas sepulturas y plantas en la que destaca por su grandiosidad el cenotafio de Barry, un San Bernardo suizo que rescató a cuarenta y una personas a lo largo de sus catorce años de vida. La leyenda cuenta que Barry se dejó el pellejo en su último rescate, pero realmente murió tras una apacible jubilación en la casa que tenía uno de los frailes del puesto de socorro alpino.


Merecidísimo homenaje a Barry y a su eficiencia perruna.
En ese reducido espacio de tierra se encuentran honrados el propio caballo de la señora Durand, Gribouille, y otro can famoso, Moustache, héroe de las guerras napoleónicas que falleció aquí, en España, durante el Sitio de Badajoz. Antes de eso le dio tiempo a atesorar múltiples distinciones militares e incluso a mostrar sus habilidades delante del mismísimo Napoleón Bonaparte.

La tumba pacense original fue profanada al finalizar el sitio, así que aquí, de nuevo, estamos ante un cenotafio.
El caballo blanco de madame Durand. En Francia es común decorar las tumbas, humanas y no humanas, con flores de porcelana.
Además de Barry y de Moustache, Chiens cuenta con varios famosos entre sus huéspedes. Nunca he sido muy de buscar la tumba del ilustre, en cambio aquí fue diferente e intenté llevarme un recuerdo de todos los animales con renombre dentro del camposanto. Por ejemplo, el pastor alemán estrella de la Warner Bros en los años 20 Rin Tin Tin

Es una lápida muy sencilla, aunque la primera que tuvo era todavía más humilde.
Rin Tin Tin es el más conocido, pero no es el único artista que reposa en el jardín. Poilu fue un actor de teatro. En su corta vida, participó en varias piezas que alcanzaron cierto éxito en el París de la Belle Époque.


En otra rotonda, casi en el centro del parque, se sitúa el panteón donde reposan los perros policía más ilustres como Dora, que trabajó varios años en el cuerpo de policía de Asnières, Turc, que recibió varias condecoraciones al valor, Papillon, con dieciséis años de carrera policial o Leo, muerto en acto de servicio. 


Aunque en la actualidad los cuerpos de seguridad no discriminan por raza a sus perros, todos tenemos en nuestro imaginario al pastor alemán como el clásico perro policía.
También pueden encontrar varios perros soldado que participaron en alguna de las dos Guerras Mundiales. Mala suerte, que no conseguí localizar a todos los perros castrenses, ni a una gata sin nombre que salvó la vida de varios militares con sus maullidos tras una fuga de gas.

Mémère, mascota del cuerpo de Infantería Ligera de la armada francesa, que llegó a ser Caballero de la Legión de Honor.

Dick, perro que acompañó a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial. El epitafio es, junto con el de Emma que verán más abajo, uno de los más profundos y dolidos del cementerio. Entre otras cosas dice "ahora estoy tan solo, ya no creo en absolutamente nada". Glups.
Además de celebridades, Chiens se convirtió en el último parque de las mascotas de la flor y nata europea. Es fácil encontrar enterramientos de canes de príncipes y demás fauna nobiliaria, aristócrata y artística del siglo pasado y de este.

Drac, el perro de la reina Elisabeta de Rumanía. ¿Serían descendientes de Vlad Dracul?
Unas de las figuritas que más me gustaron fueron las de Marquise y Tony, los perritos falderos de la princesa de Lobanof (en los cementerios también se nota donde hay parné o muchas ganas de aparentar, ¿verdad?).

Que no se diga que no tienen corona de príncipes.
Marquise, con su arnés de cascabeles y presumiblemente piedras preciosas. 
Tony.
No obstante el camposanto es compartido a partes iguales por bichillos ricos y bichillos que simplemente llegaron hasta allí para ser enterrados en fosas comunes. 





La vegetación se va apoderando de las sepulturas más antiguas con el paso del tiempo. 
En este sito los perros y los gatos se llevan bien y comparten reposo eterno.
Muchas flores de plástico, como en todo cementerio de hoy día, aunque muchas más flores de verdad, de las que hay que regar y cuidar para que florezcan.
Claro que fuentes y agua no escasean dentro del jardín ;-)


En 1958 había contabilizadas 40.000 mascotas. A día de hoy, a falta de confirmar el dato, he leído que hay cerca de 70.000 animales de toda clase de pelaje y pluma. No es difícil toparse con tumbas de caballos, ovejas, gallinas, monos, zorros, leones, aunque son las menos. ¡Lo difícil es centrarse en encontrarlas rodeados de tanta belleza!

Troytown fue un caballo irlandés que murió al saltarse a lo loco una valla del circuito de equitación.
Todavía se aprecian los tréboles decorando el arco de la lápida.
Es difícil poder leer los textos de las tumbas más viejas, devorados por el tiempo.  
Sin embargo la herradura, la fusta y el rebenque parecen decir que estamos ante un equino.
Tres ponis en una de las tumbas más grandes del lugar, justo en el sector que anegaron para que la Île de Ravageurs se uniera a tierra firme.
¿Un pato o el juguete favorito del perrito que yace ahí dentro? Hay muchas tumbas que simulan casetas o camitas, pero también hay muchas que se decoran con los juguetes de la mascota que acogen.
¿Una cierva? ¿Una gacela? La escultura parece actual; aún así no fui capaz de encontrar entre tanto geranio leyenda o epitafio que dijeran quién era su morador.
De la misma forma que a veces en las lápidas de los humanos se graban o esculpen objetos que representan oficios y aficiones, en las esculturas de París nos encontramos con casetas, cojines y muchos juguetes.



Los chihuahuas siempre parecen un poco espídicos, con sus ojos saltones. Este de aquí parece tranquilo comparado con el retrato de otro que les mostraré más adelante... 
La ¡¿transi?! tumba de Emma es una de las más antiguas y más emocionantes que se conservan. Su epitafio dice más o menos "compañera fiel y única amiga en mi errante y apenada vida". Aquí pueden ver una foto de hace muchos años. Por la corona que culmina el panteón, en la actualidad perdida, perfectamente podría haber sido la perrita de algún príncipe.

Parece ser que a Arry le encantaban las pelotas de tenis.
A Sunny, la Navidad.
Y cómo no, muchos retratos, ¡muchísimos!

Dash, preciosas tipografías y detalles...
... precioso plafón de cobre, precioso setter.
Bob Esponja en versión chihuahua funerario modernista.
Bebe y Goliath, una de las tumbas que más llama la atención: delicada, elegante, blanquísima, llena de kalanchoes floridas... 
Parece el Monte Rushmore canino-cementeril, ¿o no?
Cuando visité Chiens, me encontré la lápida de Inés II y Alfie de esta guisa. Hace un siglo estaba más florida y con el retrato de su perrita intacto. Penuca que se haya perdido.

Les faltaba ronronear.

Extrañada estaba por no haberme encontrado con ninguna pirámide tratándose de un cementerio.
Aunque estuve prácticamente todo el día paseando por este bellísimo lugar, se me quedaron muchas tumbas en el tintero... Lo cual quiere decir que tendré que volver a la ribera norte del Sena a su paso por Asnières en cuanto el tiempo y el dinero me lo permitan.

Cal.


Dedicado a dos de mis más grandes amores de juventud: Tula y Floyd.


Cimitière des Chiens et Autres Animaix Domestiques
4, Pont de Clichy
92600 Asnières-sur-Seine - París, Francia
(Ubicación en Google Maps)

T_  (+44) 01 40 86 21 11
W_ No tiene web propia, pero en la página del municipio ofrecen información detallada, incluso un plano del recinto para descargar en pdf (en francés).
H_ Abre todos los días del año excepto los lunes y días de fiesta oficiales (sin contar el 1 de noviembre, que sí se puede visitar). De 10-18h de marzo a octubre y de 10-16:30h de octubre a marzo.
Info_ La entrada cuesta 3,50 € (o costaba en el 2014) que destinan al mantenimiento del cementerio. No se arrepentirán de pagarlos. ;-)


Bibliografía y documentación_
  • De la Iglesia Ruíz, Fernando, Moustache, recuerdo de un héroe muerto en el sitio francés de 1811 a Badajoz, Historias de Badajoz, blog personal, 15 de septiembre de 2013 (link).
  • Dragonerrante, “Cimetiere des chiens”, el cementerio de mascotas de París, El Pensante, misterios y curiosidades, blog personal (link).
  • Durant, Imboden, Paris Dog Cemetery, Le cimitière des chiens d'Asnières-sur-Seine, Europe for Visitors > Paris, web (link).
  • Enfield, Michelle, Le cimitiere des chiens, JPG Magazine, web magazine, 3 de agosto de 2008 (link).
  • Josete, Los fieles amigos del cementerio des Chiens, El Baúl de Josete, blog personal, 24 de octubre de 2010 (link).
  • Krull, Manning Leonard, Le Cimetière des Chiens — the Dog Cemetery in Asnières-sur-Seine, Cool Stuff in Paris, blog (link).
  • Landru, Philippe, Le cimetière des chiens d’Asnières (92), Amis et Passionnés du Père-Lachaise, web, 30 de agosto de 2005 (link).
  • Manton, Laurie, Cemetery of Dogs. Early Illustrations of Le Cimitièrs des Chiens, blog (link).
  • Meier, Allison, Notes from the Field: The Cemetery of the Dogs, Atlas Obscura, web, 5 de abril de 2013 (link).
  • O'Hare, Sean, Pets in peace: World's oldest pet cemetery where a lion and a racehorse are among 40,000 bodies is discovered in Paris, Daily Mail Online News, web, 15 de enero de 2013 (link).
  • Pénin, Marie-Christine, Cimitière de Chiens d'Asnières (Hauts-de-Seine), tombes-sepultures.com, web, 30 de abril de 2014 (link).
  • Roberts, Patrick, Museum Cats 9 - Le cimetière des chiens (The Cemetery of the Dogs), Pur'n'Fur Featuring Felines, web (link).
  • VVAA, Cemetery of Dogs, Atlas Obscura, web (link).
  • VVAA,  Cimitière des Chiens (Dog Cemetery), A view on cities, web (link).
  • VVAA, Les locataires du cimetière, Asnières-sur-Seine, portal oficial de la villa (link).
  • Wikipedia, versiones inglesa, francesa y española.

5 comentarios:

  1. Jooo,mi nina,es que siempre nos sorprendes !!!

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  2. Qué pasada!! A mí me encantó, aunque no pude parar de llorar....Leerte ha sido como volver a recorrerlo, pero con una enorme sonrisa :) Qué gusto leerte!!Nus

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  3. Esther, Toni: sorprenderos a vosotros, con todo lo que sabéis del tema, es un auténtico regalo para mí. Sabed que, gracias a vuestro consejo, también me acerqué a Saint Denis al día siguiente. Y repetí en mi última visita a París el año pasado de lo que me alucinó. Escribiré algo algún día... ;-)

    Nus: precisamente hablar contigo y saber que os gustó tanto Chiens, me animó a terminar esta entrada que tenía medio preparada desde hace tiempo. Mis sensaciones cuando lo visité fueron encontradas. Por un lado el sitio es bellísimo e inspira mucha paz (los colores y la luz de la cercanía otoñal lo hacían aún más acogedor). Pero cuando lees los epitafios –¡una cantera para los cazadores de dedicatorias fúnebres!– te atrapa la pena. Los que tenemos animales, entendemos a la perfección lo que es echarles de menos, ¿verdad?

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  4. No conocía este cementerio, aún que somos una empresa francesa. Las estatuas son de verdad bien hechas y se ve que los artistas del tiempo erán grandes artistas, con un talento increíble.
    Es una pena que con el tiempo algunas tumbas no pueden ser leidas, sin embargo es majetuoso

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  5. Bienvenido, Placas Funerarias, y gracias por tu comentario. Es un sitio precioso, desde luego, pese al paso del tiempo o precisamente por eso. :-)

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